sábado, 22 de octubre de 2011

Devenir artista... devenir perceptible

“Yo lo que pienso es que tal vez me estoy inspirando, me estoy lastimando por dentro  por hacer esa obra que más me interesa en mi vida.” Gerardo
La vida te lleva por distintos caminos. Son los devenires que uno transita, las procesualidades y heterogeneidades que uno vivencia, en el encuentro corporal permanente con los otros, con lo otro, con la multiplicidad.
Un chico nace, crece, vivencia situaciones jodidas. Va cristalizando dolores, rabias, heridas. Delira, en ocasiones incluso se violenta, golpea, hasta llega a matar. Pero no quiero acá hacer un relato psicoanalítico o psicológico biográfico. Sin eludir mi profesión, quiero hablar de Gerardo desde la intensidad que lo produce, que lo singulariza desde su propia enunciación: “soy un artista”.
Debo ser franco. En principio no era muy admirador de su obra. Críticos de arte, supuestos entendidos en la materia, dicen que su producción es muy buena. Su obra ha sido muy bien conceptuada por entendidos en el tema artístico, como Martín Castillo (de Galería Sur en Barra de Maldonado – Uruguay) que incluyó cuadros suyos en una muestra llamada “Memorias de lo inconsciente”. También aparece en un libro-compilación de “arte bruto” en el país, realizada por Pablo Thiago Rocca (Encargado de Investigación del Museo Nacional de Artes Visuales) llamado “Otro arte en Uruguay”.

Bien por él pues, que es capaz de componer sus creaciones generando en el otro estos efectos. Pero no me interesa tampoco desde qué estilo trabaja, si es vanguardista o lo que fuera. Me interesa desde su deseo, su autopoiesis: desde cómo el arte lo lleva a desplegar movimientos desgarradores de su subjetividad. Y del gran empeño incesante que pone en la producción de sus pinturas, es un activo creador permanente. Y esa creación compone su propia y continua re-creación, acto de producción de sí mismo, de afirmación singularizante.


No me cabe duda que en Gerardo el arte es terapéutico en sí mismo. Ahí logra llevar a cabo formas de vida, nuevos devenires vitales, nuevas composiciones. De seguro, de la tarea de pintar, tal vez se pueda decir lo mismo que Deleuze acerca del escribir: “Escribir es un asunto de devenir, siempre inacabado, siempre en curso, y que desborda cualquier materia vivible o vivida. Es un proceso, es decir un paso de Vida que atraviesa lo vivible y lo vivido. La escritura es inseparable del devenir; escribiendo, se deviene–mujer, se deviene–animal o vegetal, se deviene–molécula hasta devenir–imperceptible”. “El devenir no funciona en el otro sentido, y no se deviene Hombre, en tanto que el hombre se presenta como una forma de expresión dominante que pretende imponerse a cualquier materia, mientras que mujer, animal o molécula contienen siempre un componente de fuga que se sustrae a su propia formalización. La vergüenza de ser un hombre, ¿hay acaso alguna razón mejor para escribir?” (Deleuze, “Crítica y Clínica”, pág. 5).
Sin dudas Gerardo se transporta en esos cuadros, desparrama vida, genera vida. Da cuenta de su procesualidad, de su subjetividad produciendo su real e imaginario, un mundo de fantasías inconscientes que hablan de cómo Gerardo deviene, de cómo fabrica su inconsciente. Animales siniestros, mujeres que de su vulva sacan animales y sangre, mundos de dioses y demonios, aves bizarras, animales-humanos (o humanos-animales), visiones del Hospital en que está internado muy particulares. Sin dudas que Gerardo muestra en su obra que pintar es un asunto de devenir.
“Devenir no es alcanzar una forma (identificación, imitación, Mimesis), sino encontrar la zona de vecindad, de indiscernibilidad o de indiferenciación tal que ya  no quepa distinguirse de una mujer, de un animal o de una molécula: no imprecisos ni generales, sino imprevistos, no preexistentes, tanto menos determinados en una forma cuanto que se singularizan en una población” (Deleuze, “Crítica y Clínica”, pág. 5 y 6). Sin dudas en su obra Gerardo permanentemente esto lo muestra. Siempre está en devenires, en “entres”, no hay imitación. De hecho la mayor parte de sus cuadros son mezclas, son pequeñas máquinas infernales atacando, o defendiéndose, pariendo, luchando, matando. También en ocasiones presentan un mundo celestial, bondadoso, maravilloso, por momentos muy infantil, hasta mítico. Es como señalan Deleuze y Guattari en “¿Qué es la filosofía?”: “El pintor pasa por una catástrofe, o por un arrebol, y deja sobre el lienzo el rastro de este paso, como el del salto que le lleva del caos a la composición” (Cap. Del caos al cerebro).  

“La literatura es delirio, pero el delirio no es asunto del padre–madre: no hay delirio que no pase por los pueblos, las razas y las tribus, y que no asedie a la historia universal. Todo delirio es histórico–mundial, «desplazamiento de razas y de continentes». La literatura es delirio, y en este sentido vive su destino entre dos polos del delirio. El delirio es una enfermedad, la enfermedad por antonomasia, cada vez que erige una raza supuestamente pura y dominante. Pero es el modelo de salud cuando invoca esa raza bastarda oprimida que se agita sin cesar bajo las dominaciones, que resiste a todo lo que la aplasta o la aprisiona, y se perfila en la literatura como proceso. Una vez más así, un estado enfermizo corre el
peligro de interrumpir el proceso o devenir; y nos encontramos con la misma ambigüedad que en el caso de la salud y el atletismo, el peligro constante de que un delirio de dominación se mezcle con el delirio bastardo, y acabe arrastrando a la literatura hacia un fascismo larvado, la enfermedad contra la que está luchando, aun a costa de diagnosticarla dentro de sí misma y de luchar contra sí misma. Objetivo último de la literatura: poner de manifiesto en el delirio esta creación de una salud, o esta invención de un pueblo, es decir una posibilidad de vida. Escribir por ese pueblo que falta («por» significa menos «en lugar de» que «con la intención de»). (Deleuze, “Crítica y Clínica”, págs. 10 y 11).

Sin dudas el arte de la pintura también es delirio en este sentido, mas hecho por una persona que subjetivamente vivencia en forma clara en muchas ocasiones tal procesualidad psíquica. Su arte también puede entenderse que es para un pueblo futuro, a inventar. En un momento social-histórico de destrato hacia la naturaleza como nunca antes lo habíamos vivenciado, Gerardo con su arte combina al hombre con lo animal, de hecho tal vez de alguna forma nos muestra la animalidad del hombre y lo humano del animal, en este nivel de entre, de devenir en que se juega mucho de sus obras (sobre todo esos partos humanos de animales, entre otras pinturas). Tal vez su pueblo sea el de animales-humanos, o humanos-animales. El delirio artístico es curativo, pues logra plasmar esas afecciones que lo transportan a otros mundos infernales, que si no los expresa de esa manera seguramente desbordarían su tolerancia consciente, la de su Yo. Y además lo sostienen dentro de una lógica identitaria que comparte con los otros: “soy un artista, a esto me dedico, cuando salga de aquí viviré de la venta de mis pinturas”. También lo protegen del propio encierro, el arte lo hace más libre. Sin dudas su arte también habla de cómo procesa psíquicamente su encierro manicomial-judicial, pero no en forma exclusiva. El arte ha sido su cable a tierra desde bastante antes, por lo menos desde su adolescencia.

“Pienso que el arte consiste esencialmente en producir máquinas de sensación, o de composición, para crear perceptos arrancados a las percepciones, a afectos distintos del sentimiento, sensaciones fuera de la opinión común, así como la filosofía es creación de conceptos, en la encrucijada de posibles vivientes y posibles mentales. Pero el arte es un sistema de redundancias significativas, siempre más oprimidas por los significantes de poder, ligados a los mass-media por la uniformización de las opiniones, los sondeos, en un conformismo generalizado. En ese sentido, la creación estética pondrá la llave bajo la puerta. Pues crear no significa hacer obras según las reglas de una escuela o un estilo; lo que cuenta, ante todo, es la raíz enunciadora de esta creación, raíz que se encuentra principalmente en la mirada del artista, en la escucha del músico, evidentemente, pero también en creatividades existenciales aún si ellas son tan diferentes como la enfermedad mental, el niño, en la mirada que puede subsistir en las sociedades arcaicas” (F. Guattari, “Combatir el caos”). Sin dudas la obra de Gerardo nos envía a nuevos territorios existenciales a través de sus perceptos, en esa maravillosa y psicótica integración del hombre y la naturaleza, de la naturaleza y la sociedad, de la locura y la cordura. O tal vez no integración, sino mezcla, diferenciación, singularidad. Es una mirada enunciadora,
percepto que nos invita a vivenciar, pensar, afectarnos.

“El orden habita el desorden, el desorden habita el orden, y solamente de esta doble inmanencia puede nacer la verdadera creación. Tener coeficientes de libertad, para un artista, no significa caer en el caos absoluto. Más bien son los encuentros con obstáculos técnicos, materiales -plano de composición- que el arte, en su lucha contra el caos, hace surgir una visión que ilumina el instante, una sensación que desafía cualquier cliché. El arte lucha contra el caos, pero a fin de hacerlo más sensible. Queda la exigencia de encontrar una trama ontológica al nivel del plano de inmanencia, que es cuando menos rigurosa, donde el creador parte en busca de subjetividades parciales producidas por esos focos. No busca libertades míticas, desarrolla más bien libertades parciales extraordinarias” (F. Guattari, “Combatir el caos”). Con estas palabras de Guattari, refuerzo el concepto de línea de fuga en que Gerardo se encuentra en su arte. Continuamente en huida, del encierro, de la humanidad que se le pretende moldear. El se queda con su libertad parcial, aquella que sin embargo le da identidad, le hace sentirse “Yo”, mezclando en forma caosmótica su singular y desterriorializante subjetividad. Con el arte logra sus movimientos de desterritorialización, re-territorialización y territorialización, en procesos de alisamiento y estriamiento.
“El arte efectivamente lucha con el caos, pero para hacer que surja una visión que lo ilumine un instante, una Sensación”, señalan Deleuze y Guattari (“¿Qué es la filosofía?”, Cap. Del caos al cerebro). Y qué más claro que en un psicótico esta vivencia, aunque claro, el pintor, el artista, siempre debe luchar contra ese caos, vivenciarlo primero para lograr una nueva sensación, un percepto. De ahí se entiende lo que podemos denominar lo terapéutico del arte, en esta expresión simbólica el sujeto es capaz de re-constituirse en su caósmosis, de manera que no todo sea caótico. De estos niveles de estriamiento el sujeto puede decir Yo, sin caer en el campo molecular absoluto y destructivo. Necesario movimiento nómade-sedentario. “El arte no es el caos, sino una composición del caos que da la visión o sensación, de tal modo que constituye un caosmos, como dice Joyce, un caos compuesto -y no previsto ni preconcebido-. El arte transforma la variabilidad caótica en variedad caoidea, por ejemplo el arrebol gris-negro y verde de El Greco; el arrebol dorado de Turner o el arrebol rojo de Staël. El arte lucha con el caos, pero para hacerlo sensible, incluso a través del personaje más encantador, el paisaje más encantado (Watteau)” (ídem).
El poder llevar a cabo este arte, su producción, es esencial para Gerardo. Por ello entre la instrumentación terapéutica, ante tal siniestra situación en la que se encuentra (condenado a estar preso en un recinto de seguridad de un Hospital Psiquiátrico, con posibilidades de participar en tareas de rehabilitación), es vital propiciar que se siga encontrando con su creatividad artística. Incluso, desde hace poco el juez lo autorizó a tener una salida mensual




con un funcionario del hospital (que en general es quien suscribe), en las que recorremos museos y galerías de arte, por opción de él (salvo en el verano, donde prefiere ir a la playa). Es sensacional ver como Gerardo, a pesar de no tener una gran formación artística, se compenetra con las obras que ve, las interpreta a su modo, y toma parcialidades de las mismas para poner en juego su creatividad. Incluso asistimos a exposiciones de su propia obra; una de ellas en el Ministerio de Salud Pública y otra en Punta del Este (en verano del 2009). Realmente en estas situaciones hacemos lo que podemos, teniendo siempre como norte estas palabras de Gregorio Baremblitt: “Entonces, en qué consiste nuestra ayuda actual a los “portadores de sufrimiento mental”: en emplear todos los dispositivos y recursos, artificiales o no, en dosis equilibradas, para hacerlos vivir, aunque sea por un momento, cómo debería ser el mundo que los diagnosticó de locos, preparándolos así para sobrevivir a la locura del mundo y batallar para que lo que su locura contiene como alternativas, sea conocido y adoptado por los “cuerdos”” (Baremblitt: “Patologia. Arte. Terapia. Cura”).

“El Arte puede ser reprimido, recuperado o comprado, (por el Estado,  el Capital o el Mercado)  pero eso acostumbra a ocurrir después de haber creado el producto. El Arte, que no consiste en sus resultados, sino en su proceso, es tal vez la actividad humana que más precisa purificarse de esas ambiciones, para poder entregarse a la aventura de lo desconocido “inútil”. Por más difícil que sea saber, juzgar y evaluar al respecto, la actividad estética que no logra ser así, no logra ser.
En términos platónicos, el Arte no aspira a ser Idea Pura ni Buena, ni mala Copia. El Arte auténtico es puro Simulacro.
Más aún, el Arte es un productor de perceptos y de afectos, que crea, con la materia prima de las percepciones y las sensaciones así como de las afecciones. Tales preceptos y afectos son la “obra” del Arte. Ellos son el ser de lo artístico, no tienen, ni precisan de sujeto, ni de objeto; son diferencias intensivas, pueden ser tan efímeras como anónimas. Su ser es la potencia de hacer audible lo inaudible, visible lo invisible, perceptible lo imperceptible. Lo que conocemos como “producto” del arte, es una cartografía de viaje capaz de suscitar en el intérprete, o en el degustador, o en el paisaje melódico, perceptos y afectos igualmente intensos, pero ya diferentes. Porque las obras, no se reducen, pero no pueden prescindir, de dinamismos espacio-temporales, de extensión y de temporalidad, de autor y de degustador. Los perceptos y los afectos son expresiones de la Idea, ambigua y oscura, pero pluripotencial, que es suscitada a extravasarse en diferencias por los atractores extraños de una luz, de un color o de un sonido, que son los materiales que convocan a la Idea a expresarse.” (idem Baremblitt).

Lo desconocido “inútil” en Gerardo es a su vez, paradójicamente, su modo productivo  de mostrar su creatividad. Actividad no rentable a los ojos de la producción capitalística común, pero al parecer es potencialmente un producto capaz de generar capital artístico. Gerardo incluso se ilusiona con eso, y tiene el justo sueño de, algún día, poder vivir de la venta de sus pinturas. Gente vinculada al arte que aprecia sus cuadros también lo alimenta. Pero, está claro que Gerardo no pinta con el fin del lucro, no está en su mente en cada pintura generar capital. Sí está eso que él muchas veces manifiesta como “poder extraer de otro mundo, de otro planeta, las ideas y los seres que vienen y traerlos a este mundo, a este
planeta en mis pinturas”. “Es como un desangramiento, yo sangro por dentro, me desgarro cada vez que pinto, saco eso que tengo adentro y tengo que sacar”.

“Los síntomas y las inhibiciones, así como los delirios y los sueños son tentativas espontáneas de “cura”, no del sujeto sino del proceso. Tal vez por eso hablar acerca de, y practicar Arte terapia sea, al mismo tiempo, una estrategia respetable y un pleonasmo. El Arte es cura, si por cura se entiende la restauración de un concepto de locura que siempre fue la salud de los artistas. El arte de vivir. Lo-(que)-cura.” (idem Baremblitt). Lo-cura su arte, esencial para su devenir subjetivo, para su autopoiesis, su producción afirmativa, singular y heterogeneizante.

Al decir de Deleuze y Guattari, en el artista se trata de una cuestión vital, de resistencia ante la muerte, todo un canto a la vida desplegando su potencia. “La fabulación creadora nada tiene que ver con un recuerdo incluso amplificado, ni con una obsesión. De hecho, el artista, el novelista incluido, desborda los estados perceptivos y las fases afectivas de la vivencia. Es un vidente, alguien que deviene. ¿Cómo podría contar lo que le ha sucedido, o lo que imagina, puesto que es una sombra? Ha visto en la vida algo demasiado grande, demasiado intolerable también, y los estrechos abrazos de la vida con lo que la amenaza, de tal modo que el rincón de naturaleza que percibe, o los barrios de la ciudad, y sus personajes, acceden a una visión que compone a través de ellos los perceptos de esta vida, de este momento, haciendo estallar las percepciones vividas en una especie de cubismo, de simultaneísmo, de luz cruda o crepuscular, de púrpura o de azul, que no tienen ya más objeto y sujeto que ellos mismos. “Llamamos estilos”, decía Giacometti, “a esas visiones detenidas en el tiempo y en el espacio”. De lo que siempre se trata es de liberar la vida allí donde está cautiva, o de intentarlo en un incierto combate. La muerte del puercoespín en Lawrence, la muerte del topo en Kafka, constituyen actos de novelista casi insoportables; y a veces requieren tumbarse por el suelo, como también lo hace el pintor para alcanzar el “motivo”, es decir el percepto” (“¿Qué es la filosofía?”, págs. 172-173).

Los artistas, estén donde estén, conmueven el mundo, re-creándolo, re-inventándolo a su modo, mostrándonos nuevas maneras de percibirlo y sentirlo. “De todo arte habría que decir: el artista es presentador de afectos, inventor de afectos, creador de afectos, en relación con los perceptos o las visiones que nos da. No sólo los crea en su obra, nos los da y  nos hace devenir con ellos, nos toma en el compuesto” (ídem, pág. 177). Gerardo y su subjetividad insistente, con la ayuda de algunas personas que lograron ver su destreza (y no hay que olvidar a su Profesora de Arte durante su internación en Colonia Etchepare, que fue quien ayudó a pulir su estilo, que luego tomó vuelo propio) ha logrado brillar con su talento, mostrándonos desde sus humildes aportes nuevas maneras de existencia, otros devenires sensitivos, con su singular lenguaje. “El arte es el lenguaje de las sensaciones tanto cuando pasa por las palabras como cuando pasa por los colores, los sonidos o las piedras” (ídem, pág. 177).

Un modo singular de devenir, el del artista, de crear perceptos-afectos, y con ello generar también pensamiento. El modo que encuentra Gerardo de ser, de expresarse, de poner orden en el caos, de generar sus movimientos caosmóticos, transformadores y autopoiéticos de sí mismo. Culmino con estas palabras de Golini, a propósito del arte y el artista:


 “La belleza es uno de los fines posibles del arte, pero no basta para definirlo. La naturaleza también es bella, e incluso más. Si sólo el hombre es artista no lo es en tanto que artesano (también un mono puede fabricar una herramienta), ni en tanto que esteta (¿quién sabe si, cuando el pavo real despliega las plumas de su cola, la hembra no experimenta también una especie de placer estético?), ni siquiera en virtud de la unión, aunque no tuviera parangón, de estas dos facultades. Una obra de arte no es solamente el hermoso resultado de una actividad, ni todo resultado hermoso es una obra de arte. Es necesaria otra cosa, QUE LA NATURALEZA NO ES CAPAZ DE PRODUCIR SIN EL HOMBRE, y que sin duda ningún animal puede percibir. ¿A qué nos referimos? A la humanidad misma, en tanto que
se INTERROGA por el mundo y por sí mismo, en tanto que busca una VERDAD o un SENTIDO o aún un VALOR, en tanto que CUESTIONA o INTERPRETA, en tanto que es ESPÍRITU (como reclamaba ARTAUD), o en tanto que sólo puede REPRESENTARSE lo que la naturaleza le PRESENTA, proyectándose en ella, intentando ENCONTRARSE en ella (como decía HEGEL), lo que supone siempre – puesto que la naturaleza ni pregunta ni responde- TRANSFORMARLA o RECREARLA.
Esto puede hacerse sin el arte. Pero el arte lo hace mejor.
Y es así porque, en el arte, el espíritu está menos distraído en sus fines habituales: la utilidad, el poder, la eficacia. Porque el artista, incluso cuando sólo pretende imitar el mundo, no puede tomar como modelo más que A SÍ MISMO en el propio proceso de su imitación” (Jorge Golini, clase desgrabada en Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, Carrera de ARTETERAPIA, 10 / 9 / 04, Teórico dictado por Dr. Jorge Golini, Docente invitado: Lic. Alfonso Lans (Montevideo, Uruguay) QUINTO ENCUENTRO (desgrabación a cargo de la Lic. Claudia Herman)).
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BIBILIOGRAFÍA:

-Baremblitt, G. “Patologia. Arte. Terapia. Cura” En: congresosaludmentalddhh.blogspot.com

-Deleuze, G. “Crítica y clínica”. Ed. Anagrama, Barcelona, 1996.

-Deleuze, G; Guattari, F. “¿Qué es la filosofía?”. Ed. Anagrama, Barcelona, 1993.

-Galería Sur. “Memorias del inconsciente” Verano 2009. Maldonado, Uruguay. www.galeriasur.com.uy

-Golini, J.  Clase desgrabada en Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, Carrera de ARTETERAPIA, 10 / 9 / 04, Teórico dictado por Dr. Jorge Golini, Docente invitado: Lic. Alfonso Lans (Montevideo, Uruguay) QUINTO ENCUENTRO (desgrabación a cargo de la Lic. Claudia Herman). En Facebook, perfil de Alfonso Lans.

-Guattari, F. “Combatir el caos”. Entrevista a Félix Guattari por Marco Senaldi, marzo de 1992, publicada por la revista Chimères, nro. 38, primavera del 2000. Traducido al francés por Anik Kouba. La traducción al español de la revista Sé cauto, se realizó a partir del texto en francés. Copyright Enfants Guattari. En varias páginas web, como www.inmanencia.com

-Rocca, P. “Otro arte en Uruguay”. Mastergraf, Montevideo, 2009.

1 comentario:

  1. El viernes lo presentamos en el Congreso de Madres en Córdoba. Muy buena receptividad, y como siempre se logró lo que aspiro: que de para seguir pensando, para seguir desplegando pensamiento y acción sobre la locura, la estética, la clínica, etc.

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