domingo, 30 de octubre de 2011

EL CUERPO DESDE UNA PERSPECTIVA ESQUIZOANALÍTICA

EL CUERPO DESDE UNA PERSPECTIVA ESQUIZOANALÍTICA

(trabajo presentado en el Primer Encuentro Latinoamericano de Esquizoanálisis -Montevideo, 2004- y en el Tercer Congreso Internacional de Salud Mental y Derechos Humanos -Buenos Aires, 2004)

ABSTRACT: Este trabajo despliega algunos aspectos de la noción de Cuerpo en función de los desarrollos en la obra de Gilles Deleuze y Félix Guattari. Intenta articular esta noción, siendo pensada como nocepto (siguiendo a Juan Carlos De Brasi en “La Monarquía Causal”), en función de su operatividad en una práctica clínica psicológica que se podría denominar esquizoanalítica. También desarrolla una aproximación a una concepción del Esquizoanálisis, siguiendo planteamientos de Félix Guattari en “Cartografías Esquizoanalíticas”. Introduce algunos elementos de la práctica psicológica del autor, desarrollando aspectos de una técnica sugerida por Alfonso Lans en un espacio de supervisión, que él denominó “Cartografía del cuerpo”, presentándose una viñeta clínica.

Lic. Alfredo Perdomo


¿Qué es el cuerpo? Tal vez sea una mala pregunta. El preguntarse sobre el cuerpo (o sobre cualquier cosa) desde el verbo SER, nos hace caer en una trampa lingüística y trascendente. Nos puede hacer creer que algo “es”, es decir: que se lo puede definir concretamente, que tiene una esencia, que es algo dado, acabado y hasta obvio, naturalizado. Ilusión delirante del pensamiento humano, negadora de la dimensión procesual de la realidad, de que nada es estático y que todo está en movimiento. Negación de la molecularidad, deslizamiento hacia la lógica moral y molar del Aparato de Estado. Realizar una inflexión hacia el plano de inmanencia, hacia la realidad procesual, nos debe ubicar necesariamente en una lógica del devenir. Tal vez nos sea más útil preguntarnos: ¿qué deviene cuerpo? Interrogante que nos lanza hacia los agenciamientos colectivos de enunciación que hacen que algo sea denominado como Cuerpo, que nos hacen ver, pensar e imaginar que “el cuerpo es x”. Félix Guattari, en una conferencia realizada en Argentina en 1992 (titulada “El nuevo paradigma estético”), en días cercanos al final de su existencia, nos deja una más que interesante enunciación, en pro “de una redefinición abierta del cuerpo”. Cabe aclarar que está pensando en “la promoción de agenciamientos terapéuticos de la psicosis”, eso señala, pero es evidente que su devenir inconsciente productivo apunta mucho más allá del plano de la psicosis. Afirma lo siguiente: “El cuerpo concebido como intersección de componentes autopoiéticos parciales, con configuraciones múltiples y cambiantes que simultáneamente trabajan juntas e independientemente: el cuerpo propio especular, el cuerpo fantasmático, el esquema corporal neurológico, el soma biológico y orgánico, el sí mismo inmunológico, la identidad personológica en el interior de los ecosistemas familiares y ambientales, los rostros colectivos, los ritornelli míticos, religiosos, ideológicos... Otras tantas territorialidades existenciales unidas por la misma caosmosis transversalista, otros tantos “puntos de vista” nomádicos escalonándose, estructurándose a través de ascensos y descensos fractales, que permiten una estrategia combinada de abordaje analítico, psicoterapéutico institucional, psicofarmacológico, de recomposición personal delirante o de carácter estético” (pág. 204). Como sabrán apreciar, esto puede parecerse a una definición, pero en realidad no define nada. Y de seguro en esta oportunidad Guattari no logra dar cuenta de la multiplicidad que esta cuestión trae, pero tampoco le interesa tal fin utópico que puede albergar la ilusión de dar cuenta de una totalidad.

Nada más lejos del Esquizoanálisis que pensar en totalidades. En todo caso, esa “totalidad” sería una parte más que se le agregaría a la cosa, es decir: una parte más de esa complejidad en movimiento. Baruch de Spinoza en el siglo XVII plantea algo similar de la siguiente manera: “No sabemos lo que puede el cuerpo”. Como plantea Deleuze en “Spinoza: Filosofía Práctica”, el filósofo holandés “trata de mostrar que el cuerpo supera el conocimiento que de él se tiene, y que el pensamiento supera en la misma medida la conciencia que se tiene de él” (pág. 28). Por ende, Deleuze nos orienta a pensar que el cuerpo es siempre más de lo que uno piensa que es desde la conciencia. Una definición interesante del diccionario común de “Cuerpo” es, por lo provocativa: “porción limitada de materia”. ¿Y quién pone los límites? ¿Quién encierra con su aparato reductor la materia, y con qué imaginarias ilusiones vanas? La humanidad tiene una larga lista de encierros y reduccionismos, muestras de un afán sedentarizador plenamente vigente. Como ya señaló De Brasi, estas limitaciones entrañan dualismos que colocan “la existencia imaginaria de un límite y un límite imaginario de la existencia” (en “Subjetividad, Grupalidad, Identificaciones”. Ed. Búsqueda, Bs. As., 1990).

Por eso mismo uno puede ver en la concepción de cuerpo trazada por Guattari un revolucionario despegue de reduccionismos conocidos acerca de la subjetividad y el cuerpo. Cuerpo que nada tiene que ver con conocidas definiciones biológicas, ni con las empíricas: Subjetividad que nada tiene que ver con el sujeto. Más que una concepción de cuerpo, Guattari produce un nocepto, al decir de De Brasi (“La Monarquía Causal”, Págs. 81-87, Montevideo, Multiplicidades, 1996) dando cuenta de su de(s)terminación, sin caer en la vaguedad de la noción ni en la rigidez del concepto. Realiza, como también afirma De Brasi, un proceso “de pensamiento rizomático abierto desde una temporalidad historizada y el trabajo con materia prima diversificada” (Op. Cit. Pag. 86). Y, curiosamente, a pesar de la hegemonía del pensamiento biológico y médico del cuerpo individualizado, limitado, otras coordenadas insisten hasta en el mismo diccionario: “conjunto de personas que forman una colectividad, comunidad o asociación”, “ conjunto de personas que desempeñan una misma profesión”. Lo colectivo insiste, y existe, determinando y de(s)terminando también los llamados “cuerpos individuales humanos”. Sabemos que no existen Robinson Crusoes, y que no hay más esencia humana que las propias relaciones sociales e históricas donde esta es producida. En resumen: que lo social no es mero contexto de lo psíquico o del cuerpo (ya no nos importa diferenciarlos), sino su texto, su substancia, su inmanencia. Y no pensamos el cuerpo desde la cuadriculación biológica, que estatizó el funcionamiento de los órganos en función de cierta operatividad. Pero, como dicen Deleuze-Guattari en “Mil Mesetas”: “No hay que considerar órganos sin cuerpo, cuerpo despedazado, sino fundamentalmente un cuerpo sin órganos, animado de diferentes movimientos intensivos que determinarán la naturaleza y el lugar de los órganos en cuestión, que convertirán a ese cuerpo en un organismo, o incluso en un sistema de estratos del que el organismo sólo es una parte (Op. Cit., pág. 177, Ed. Pre-textos, 1994). Guattari, en “Cartografías Esquizoanalíticas” (Manantial, Bs. As., 2000) piensa el Esquizoanálisis en una doble encrucijada: como una disciplina de modelización a su vez que “una disiciplina de lectura de los otros sistemas de modelización” (Op. Cit. Pag. 31). ¿Modelización de qué? De cualquier cosa, de cualquier porción de materia en donde esté en juego lo humano. En realidad se trata de una fina disciplina de la multiplicidad.

En el marco de estas definiciones, siempre provisorias como el propio Guattari advierte, dice que el Esquizoanálisis es “el análisis de la incidencia de las Disposiciones (también traducible como Agenciamientos –nota mía-) de enunciación sobre las producciones semióticas y subjetivas, en un contexto problemático dado” (pág. 32, Op. Cit.). Se trata de ver cómo está modelizado el hecho en cuestión (dice Guattari que pueden ser “cosas tan diversas como un cuadro clínico, un fantasma inconsciente, una fantasía diurna, una producción estética, un hecho micropolítico....”), qué agenciamientos lo producen, lo piensan, lo afectan, lo subjetivizan. Y sobre todo sus líneas de fuga, aquellas que apuntan a una desterritorialización, al cambio, lo que amenaza lo instituído. El depliegue de estos agenciamientos, flujos y líneas implican ya de por sí la transformación de la porción de materia en cuestión, atendiendo al movimiento procesual de la misma. ¿Cómo pensar entonces, y actuar en consecuencia, atendiendo a esta perspectiva en la labor de un psicólogo? ¿Pasa la cuestión del cuerpo por trabajar con los enfoques de las denominadas “psicoterapias corporales”? En sí, está de más decir Psicoterapia Corporal desde esta perspectiva que no piensa la separación dualista psique-soma. Ni siquiera un inconsciente intrasubjetivo. “No se parte de la idea de muros, dentro los cuales hay relaciones sociales, y más adentro relaciones interpersonales, y más adentro aún, en la cabeza, un inconsciente alejado en un rincón del cerebro. Partimos, al revés, de la idea de que el inconsciente atraviesa todos esos niveles” (“El Devenir de la Subjetividad”, Félix Guattari, pág. 53). Una clínica que se digne de ser calificada como esquizoanalítica deberá dar cuenta de la composición de ese cuerpo subjetivo heterogéneo, múltiple, complejo, en proceso, contradictorio y siempre abierto, transversalizado más allá de sus niveles empíricos en el campo social-histórico que lo produce y del cual a su vez es productor. Deberá ser, como planteó Baremblitt: “una clínica de resistencia a las subjetividades reproductivas y anti-productivas dominantes, así como de generación de nuevas subjetividades crítico-metamorfósicas” (“Por una nueva clínica para el Poliverso Psy” SaúdeLocura, San Pablo, Hucitec).

Describo algunos de los componentes técnicos con los que me he desenvuelto como psicólogo clínico desde esta perspectiva (o tal vez sería mejor decir “con” esta perspectiva) que arranca en 1998, en el marco del Servicio Social-Comunitario de Atención Psicológica (UDELAR) como estudiante y ha proseguido en mi práctica profesional (en la que últimamente está produciendo sus efectos mi formación en el Centro Félix Guattari). He privilegiado (y no sin cierta disconformidad) el plano comunicativo verbal, colocando la producción de asociaciones libres en un sitio privilegiado. Pero, las interpretaciones y señalamientos no han operado en función de los lineamientos teóricos psicoanalíticos exclusivamente (ej: Complejo de Edipo o Angustia de Castración), también han sido dirigidos hacia claros procesos de subjetividad diagramados por el Capitalismo (valores de éxito, competitividad, individualismo, etc.), por procesos históricos de fuerte impacto social y mediático (la Guerra en Irak, la crisis financiera, el casamiento del príncipe de España, etc.), problemáticas institucionales (como resolver estrategias de sobrevivencia en el trabajo en función de luchas de poder, también lo mismo en organizaciones políticas o gremiales, etc.), problemáticas existenciales materiales (ayudar a pensar estrategias de supervivencia para lograr satisfacer necesidades básicas en situaciones de vulnerabilidad o de desafiliación social), líneas transgeneracionales, diagramaciones arquitectónicas (cómo producen subjetividad los espacios donde habitamos y nos movemos) y otros múltiples componentes de la producción de subjetividad. Pero los procedimientos para habilitar tales despliegues no son sólo verbales. He recurrido a: collages, dibujos, dramatizaciones, ejercicios de relajación, ejercicios de producción imaginaria a través de direccionamientos, técnicas escriturales en función de temáticas (sobre todo en parejas o familias), construcción de objetos y otras producciones con diversos materiales. Una técnica sugerida en una supervisión por Alfonso Lans es lo que él llamó una “Cartografía del cuerpo”. Se trata de trazar el contorno del cuerpo del paciente en un papelógrafo y que este pueda en él realizar un mapa singular en función de las múltiples resonancias que le provoque tal imagen. El paciente puede allí dividir el cuerpo a su antojo, escribir, pintar.... en fin, trazar un mapa de intensidades que se mueven en su proceso de subjetividad. Es una técnica muy noble y lo que se produce suele generar efectos y material que se pueden trabajar de diversas maneras en varias sesiones. No pretendo con esta descripción generar un efecto de trascendencia con esta técnica que sólo es una muestra de la potencia creativa a la que necesariamente deber recurrir el terapeuta en función del análisis de los agenciamientos, el despliegue de los mismos y los procesos de desterritorialización que se produzcan.

Por ejemplo, una persona en tratamiento hacía ya dos años, colocó en su “cartografía corporal” múltiples elementos significativos en función de una singular división de órganos. Allí dio cuenta de, por ejemplo: mecanismos de racionalización en su relación de pareja al colocar el amor en el cerebro, al igual que su falta de pasión en cuestiones referidas a lo laboral o a los estudios. Dibujó sus ojos con una especie de venda, atribuyéndoles colocando allí las funciones de ver cine y leer libros. Si bien estas actividades le colocaban en ocasiones en posición de poder establecer líneas de fuga productivas, en ese momento de su vida se habían convertido en una defensa maníaca y negadora que le impedían tomar contacto con afecciones intensas. Otro elemento significativo que nos asombró a ambos fue que dibujó el corazón y allí escribió “Mi papá”. A partir de ahí se estableció un contacto afectivo importante con su imago paterna pues hasta ese momento siempre había traído a su padre con mucha bronca, odio y decepción; lográndose contactar con lo positivo que su papá había dejado en su persona. También logró desplegar intensos sentimientos de muerte colocados en la cintura, piernas y pies de su cartografía. Esta persona, que tiene importantes características psicóticas, junto con depresiones graves con ideas de muerte y autoagresiones, logró contactarse con elementos de su historia que atravesaban momentos socio-históricos claves como la dictadura, que hasta determinó el encarcelamiento de su padre por la sospecha de ser militante de izquierda, que sólo estuvo preso por unos días, cuando él era niño. La lógica de la sospecha y el control paranoico siempre estuvo instalada a nivel de su familia, acrecentada en la época del régimen cívico-militar, donde el paciente configuraba los cimientos de su base subjetiva actual. Esta técnica, montada con otras para desplegar los elementos allí condensados, junto con todas las que están siendo utilizadas en el proceso, han habilitado a nuevas conexiones y desterritorializaciones que han impactado en una mejora de la calidad de vida de este sujeto, desplegando nuevos focos autopoiéticos. Sus episodios delirantes, depresivos y autoagresivos si bien continúan, se han visto disminuidos en su frecuencia de manera significativa. Además, buena parte del trabajo terapéutico ha sido marcado por la conscientización de la necesidad de tomar la medicación que le envía el psiquiatra. Incluso desde el primer mes de tratamiento, un punto clave fue lograr que consultara un psiquiatra, pues dada la gravedad de su problemática, sólo con psicoterapia era difícil procurar cambios. Tanto de estas formas como de muchas otras se trata de generar una nueva meta-modelización del cuerpo, analizando (en lo posible) sus modelizaciones y cartografiando sus diversos acoplamientos maquínicos, generando (o ayudando a generar) nuevas formas posibles de subjetividad.

Se trata de trabajar el nocepto Cuerpo, no de reducirlo. O dicho de otra manera; trabajar con el cuerpo y no contra él. En este sentido vale citar a Raúl García, quien en “La Anarquía Coronada. La filosofía de Gilles Deleuze”, nos dejó esta interesante y provocativa afirmación, con la cual culmino mi exposición: “La dimensión política del cuerpo se basa en su capacidad de restar siempre algo, de escaparse a cualquier tipo de encorsetamiento; la superficie lisa, resbaladiza como las escamas de un pez, previa a cualquier tipo de marca. Se lo cuadricula, pero el cuerpo siempre encontrará el hueco por donde asomar algo: alguna cosa, eso”. (Op. Cit. Pag. 102, Ed. Colihue, Bs As., 1999).

2 comentarios:

  1. Si me permite, estimado Perdomo, disentiré con usted: la "dimensión procesual" (¿por qué no "procesal"?) de la realidad, es superficial. Un proceso es solo puede manifestarse en la realidad material. En el mundo espiritual, donde el tiempo no tiene la misma semántica (y no sé si tiene alguna), un proceso es absurdo.

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  2. Hola, estimado Zeta. Agradezco la lectura del material en primer lugar. En segundo le señalaré que en mi concepción no entra el dualismo espíritu-materia. La realidad es una sola, lo mismo que el dualismo cuerpo-mente, el cuerpo es uno solo (y en esta concepción entra en juego un pensamiento que Deleuze y Guattari siguen desde el filósofo holandés del siglo XVII Spinoza, Nietzsche, Bergson, Marx, entre otros). Por ende la dimensión procesual es real, la realidad es cambiante, móvil, dinámica, como ya lo ha comprobado la Física. Es una cuestión de velocidades, de relatividades. Incluso esto se da en aquellos fenómenos que se denominan psíquicos y espirituales.

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