domingo, 2 de junio de 2013

20 AÑOS DE PUERTAS ABIERTAS. DEVENIRES VITALES EN EL HOSPITAL VILARDEBÓ.


Psicólogos Raúl Penino, Alfredo Perdomo y Martín De León.

“Ni método, ni reglas, ni recetas. Tan sólo una larga preparación” (Deleuze-Parnet, “Diálogos”)


En octubre de 1993 se constituyó el programa “Puertas Abiertas”, por iniciativa del Psicólogo Raúl Penino. Éste surge a partir de una experiencia ocasional, por la visita de tres estudiantes de psicología de Segundo año (Iris Santurión, Alejandra Troisi y Amaranta Mieres), que se acercaron a la institución con el objetivo de entrevistar a dicho profesional, para un trabajo monográfico exigido por la facultad. En estas visitas iniciales (3 aproximadamente) en la sala de seguridad de mujeres la interacción con las internadas produjo un efecto dinamizador en las usuarias. Es así que la sala, habitualmente rutinaria sin intercambios con el “afuera”, subsumida en un aplanamiento social, cobró vitalidad y estimuló intereses de intercambio. De ahí surge la idea de que estas visitas se continuaran, por lo cual se comenzó a elaborar un planteo a la dirección acerca de la posibilidad de un “Programa” piloto de acompañamientos terapéuticos. Su denominación inicial fue: “Programa Puertas Abiertas – Acompañantes Voluntarios del Paciente Psiquiátrico”.
Cabe señalar que en esa época (a 8 años de la dictadura y en pleno apogeo de las políticas neoliberales) no era fácil ingresar al Hospital Vilardebó, tanto para la mayoría de los actores de la sociedad como para, inclusive, los estudiantes de psicología (Facultad de Psicología de UdelaR no tenía ninguna inserción desde hacía muchos años) y ni hablar para los propios medios de comunicación. El director de aquel entonces incluso le permitió a Raúl que sólo asistieran dos estudiantes (tras varios meses de resistidos “nones” con argumentos poco sólidos, más fundamentados  a nuestro entender en el temor). Por aquel entonces concurrían nueve. Siendo que el hospital siempre fue ancho y ajeno, los nueve parecían dos. A partir de esto comenzó por el boca a boca en facultad un ir y venir de estudiantes, algunos se sostenían en el tiempo, otros no. Buena parte de los mismos se mantenían al menos un año en el trabajo. Incluso comenzó a provenir gente de otros ámbitos por fuera de la psicología, que fue aceptada en el programa.
Es de resaltar la importancia de los voluntarios, sean vinculados a la psicología o no, en el proceso histórico y funcionamiento actual del programa. Lo que aportan es su “desinteresado interés” y su voluntad “no contaminada aún” por conocimientos teóricos, que por cierto pueden tener su valor pero que a veces anulan “otros valores” como la creatividad o la intuición. El sustento del Programa son los voluntarios. Sería muy escaso, muy pobre incluso, lo que pudiéramos hacer en forma efectiva si no estuvieran ellos. Es evidente además que la distancia puesta por el usuario entre su persona y la persona del técnico, se llena de ansiedades, de sentimientos persecutorios, de desconfianza, lo que muchas veces perturba y no hace tan operativo el funcionamiento del vínculo. Esto en general no ocurre tanto con los voluntarios, que ya de por sí no son identificados como empleados del hospital, que incluso no portan túnica, que además suelen ser más jóvenes y mantienen una relación propia con frescura y solidaridad. Muchas veces ellos son depositarios de relatos importantes de la historia del paciente que no suelen llegar a los oídos técnicos. Creemos que son de fundamental importancia para el trabajo con los usuarios, hablando de todo el equipo que interviene con el mismo.

El espacio inaugurado en aquel año 1993 comenzó siendo un lugar de expresión y reflexión abierta, donde con las usuarias se realizaban diálogos, pinturas, juegos. Algo importante que se da desde el inicio de esta experiencia, es la denominada “visita didáctica guiada” al hospital, que en la jerga estudiantil se la conoció como “los tours”.  Fue tan resistida como no entendida por muchos docentes de la Facultad en los ‘90, quienes sin tomar contacto con la experiencia opinaban desde un afuera lejano con ignorancia y resentimiento. La misma consiste en conocer buena parte del hospital, de sus espacios, las salas, sus funcionamientos, sus lógicas. Es una valiosa experiencia de acercamiento inicial tanto para psicólogos como para otros integrantes de la comunidad.
Se ha desplegado este programa (proyecto en construcción y reconstrucción permanente) en una diseminación por todo el hospital, operando en varias salas por funcionarios y voluntarios, así como en varios dispositivos de rehabilitación, teniendo hoy día dos lugares centrales: la sala 14 Espacio Humanizante en el sector masculino y el Espacio Psicosocial del sector femenino.

Durante estos 20 años de historia se han montado y desmontado diversos tipos de espacios y dispositivos. Uno de los más utilizados es el Acompañamiento Psicosocial, que consiste en el trabajo más focalizado con un usuario, centrado no tanto en técnicas y en teorías, sino en la tan difícil posición de ESTAR con la persona, que es todo un arte complejo que se aprende con la experiencia, con la vivencia. Instauración de un vínculo fraterno, de lógica solidaria, afectiva, ética. No una negación del saber, pero sí una prioridad del encuentro y lo que sucede allí. O sea, un agregado al saber teórico-técnico. Ya que la razón por sí sola no se basta para navegar con “efectividad” en el mar de la “locura” (incluyendo y principalmente la nuestra propia). Muchos de los Acompañamientos comenzaron incluso en el hospital y se continuaron en un proyecto de externación y reinserción social, continuando los mismos bastante tiempo en sociedad (varios acompañamientos se extendieron en el “afuera extrahospitalario” hasta tres años).
El despliegue de lo grupal y lo estético, el arte, nos parece algo fundamental en el trabajo en Salud Mental. Cabe señalar que las Artes, como la literatura, la música, la pintura, el teatro, la escultura, los Juegos, etc., son fundamentales para todo trabajo que se realice en este nivel. Podríamos decir que lo es para todas las personas no importando su condición. Pero, ineludiblemente, en el campo de las denominadas “patologías psíquicas graves”, lo es con primacía. Para nosotros es un modo de contacto nuestro con los usuarios, de los grupos entre sí, y también de modos de re-contactarse consigo mismo el sujeto. El arte obliga a las personas a un recorrido interior, a una búsqueda interior de equilibrio, una forma de enfrentamiento y de procesar y elaborar la realidad. Genera un clima de afectividad notoria, que en muchas ocasiones visualizamos que hace “dejar el delirio de lado”. Vemos que la personas al meterse en el campo productivo, a realizar “el objeto artístico”, compagina una subjetividad muy diferente. Los niveles de azar, de caos que muchos portan en forma desequilibrada en su crisis, logran generar niveles de cosmos, de otros órdenes. Producción de niveles de estabilidad entre el orden y el caos.
La capacidad de poder hacer “otra cosa” con su realidad, con cómo vive la realidad, le hace generar en “el objeto artístico” una distancia mayor de su locura. El objeto sirve como un receptor-ordenador de su caos interno. Una pintura, una escena espontánea o dirigida de teatro, una lectura o una producción literaria, una sesión musical con canciones ajenas o producidas en el espacio, incluso dentro de esa categoría de productividad artística (tal vez preferente a la de “objeto” artístico) incluimos los espacios lúdicos, los diálogos grupales, los encuentros reflexivos y todo ámbito de producción grupal subjetiva de cualquier tipo.
Para ejemplificar algo de lo que estamos intentando señalar, presentamos esta experiencia en Sala 14: en su momento se realizaron dinámicas grupales en las cuales se discutían aspectos más abstractos y también elementales sobre la forma en el arte. Tratando de tomar contacto con la manera de cada uno de observar detenidamente un objeto cualquiera y hablar sobre el mismo, sobre su forma, textura, color y su lugar en el espacio. A modo de ejemplo: se usaron unos conos de cartón (bobinas rescatadas de una volqueta) los cuales se distribuyeron desordenadamente en el plano del piso. Esta forma no integrada y sin sentido aparente, al azar, exigía de los participantes focalizar su atención y desplegar lo potencial en cuanto a lograr dar un orden, un significado a aquello que de otro modo simplemente pasaría desapercibido para cualquier observador. Este ejercicio, la puesta en movimiento de la subjetividad en un proceso de abstracción ante la intención de ver “unidos” elementos aparentemente inconciliables obliga a un esfuerzo integrador de la consciencia o a un movimiento integrador representándose en la psiquis la figura externa a la que se logra dar forma, contenido y significados. Como dice J. Latner en “Fundamentos de la Gestalt” (Ed. 4 Vientos, pág. 36): “la formación de gestalt es la formación de figuras que el organismo aprecia en el proceso de satisfacción de sus necesidad, se crea un significado extrayéndolo del medio”.
El pensar en abstracto, este unir en conjunto lo diseminado, este integrar es a la vez un peldaño hacia la auto-integración. Según Anton Ehrenzweig, en “El orden oculto del arte” (Ed. Labor 1973), “a fin de crear orden en el caos, el artista va sacando de entre las cosas o los conceptos parciales y posiblemente incompatibles alguna propiedad cual un común denominador convirtiéndola en unificante concepto abstracto”. Convergen así dos elementos constitutivos del ser, cuerpo y psiquis en la puesta en práctica de las capacidades expresivas de mucha intensidad y donde, en este caso, el manejo de la forma, el color, la dimensión se combinan más allá del juicio artístico poniendo en evidencia la experiencia interna, íntima, rompiendo el silencio a través del lenguaje inconsciente codificado en la obra, signos simplemente flotantes etéreos y legibles”.
Estas palabras de Annabel Lee Teles reflejan fehacientemente el espíritu del trabajo en Puertas Abiertas: “Pensar quiénes somos significa problematizar la subjetividad y los modos de su producción. Para ello, es preciso llevar a cabo un desplazamiento en el pensamiento, realizar un abandono crítico de la racionalidad teórica como modalidad única, como única vía de acceso a la cuestión y, a la vez, estimular la emergencia de un pensamiento creativo, tanto filosófico, como físico, musical, literario, pictórico,  cinematográfico, que contribuya en la creación de modalidades existenciales enriquecedoras. El pensamiento se vuelve profundamente poiético; la subjetividad se vuelve estilo de vida, expansión y proliferación de posibilidades vitales.”  (“Ética y transformación. Política, subjetividad y colectivos autónomos.” En Campo Grupal Nº59).
¿Qué sentido tienen estos dispositivos de trabajo? Muchos, además de lo dicho, cabe resaltar que en el traslado  o ingreso de la persona internada, pasaje fronterizo de un medio exterior a este medio (Hospital), se da un cambio de Entorno Ecológico sustancial. Este traslado afecta al individuo en múltiples sentidos. Éste de alguna manera era quien era en su medio, barrio, con sus vecinos, familia, etc…, en sus formas y sentidos vinculares que lo caracterizan.  Esto se quiebra abruptamente. Se modificó su Mundaneidad, hay un quiebre existencial en el sujeto. Se ve obligado el sujeto en la institución a una re-conexión consigo mismo, en otro entorno (lo institucional, los otros, las normas, sus funcionamientos, etc. etc.).
Por lo tanto, además de la terapéutica de índole psiquiátrica, se hace necesario la implementación de modalidades de intervención psicológicas y sociales que ayuden al sujeto en este sentido, a una nueva re-conexión consigo mismo. La cuestión es generar espacios capaces de  servir como facilitadores en su singular proceso de Individuación. En pro de este objetivo, es que queremos señalar que uno de los dispositivos más usados es el que hemos denominado Grupo Dinámico Espontáneo. En sí, los espacios Humanizante y Psicosocial mencionados, privilegian este modo de funcionamiento. Se trata de habilitar el despliegue de la espontaneidad en su más amplio sentido y en función de los aspectos espacio-temporales y subjetivos que el lugar permite. Es una dinámica propia de las personas que allí circulan, interactuando con toda la materialidad y espiritualidad del espacio. Allí los usuarios pueden hablar entre sí, leer, tomar mate, escribir, dibujar, construir con diversos materiales, jugar, tener encuentros grupales o individuales con un psicólogo o voluntario, asimismo los familiares pueblan el lugar… Es decir, se permite todo lo permitible, lo posible, siempre y cuando no sea dañino para nadie. No se permite romper elementos del lugar (salvo que sea con un propósito constructivo claro) así como comer o venir descalzo, con el torso desnudo o fumar. Creemos que este lugar es muy importante para la recepción de la locura de un modo humanizante, ético. Damos espacio a que se manifieste el sujeto en crisis, con sus delirios, y que este pueda conectarse consigo mismo y el contexto, lo otro y los otros, en formas singulares. Intentamos, siempre teniendo en cuenta lo posible, que el sujeto delirante se exprese y su contenido no sea reprimido. El efecto que vemos en las personas con el paso del tiempo es una mayor integración y uso efectivo de sus capacidades conscientes.
Todo lo que se hace, dice, etc., sea quien sea que lo haga, es un acto psicológico en si. En la espera inconsciente de la persona internada, siempre hay una expectativa de que el otro siempre le aporte algo (afecto y nutrientes, decía Freud antaño).
Nuestro lugar en el dispositivo general ASSE, es en el Hospital Vilardebó, institución manicomial que enfoca su atención (teóricamente) hacia las crisis en salud mental. Cabe señalar que a pesar de ello, alberga una importante cantidad de usuarios crónicos, sobre todo judiciales (el 50 % del total). Sabemos que hay muchas teorías y experiencias al respecto, pero queremos dejar explícita una opinión fundamentada sobre el dispositivo en el cual trabajamos. Creemos que un Hospital, institución macro, masiva y masificante, des-individuante, con más de 300 usuarios en la actualidad, no es el lugar más eficiente para un trabajo digno y humano con la locura. A esta situación se agregan carencias materiales y de voluntades. El trabajo con la locura es vocacional, de lo contrario es iatrogénico, dañino e inoperante. Y si sabremos de múltiples daños que la institución genera, de actos perversos y siniestros, así como hay de los otros, por supuesto. La vocación tampoco es una cuestión que se aprenda meramente en cursos, sino y esencialmente en las vivencias, en los encuentros con la realidad en la que se trabaja. Pensamos que este tipo de instituciones deberían ser sustituidas por otras más pequeñas, con lógicas diferentes, y con mayor grado de horizontalidad inter-disciplinaria. Incluso de mayor apertura disciplinaria y humana, integrando mucho más las artes, oficios y otros ámbitos de la cultura humana.
No somos partidarios de que las crisis deban ser “resueltas” en hospitales comunes o polivalentes. Creemos que en estas instituciones más micro, al estilo de comunidades terapéuticas (incluso tal vez hasta deberíamos pensar un nuevo nombre para estos lugares), con la atención médica adecuada y especializada, es factible tal atención en las crisis. Pero no debemos quedarnos con la mirada médica, que es necesaria, pero que en sí no basta para dar cuenta de la gran multiplicidad que afecta el padecer humano. Estamos contra la medicalización de la vida, pero también en contra de su psicologización o cualquier otro “ión” que la quiera capturar. Creemos que es fundamental que el enfoque sea inclusivo, comunitario, que se apueste a la ciudadanía y al pleno ejercicio de los derechos humanos. Para ello estas instituciones no deben ser encierros en sí mismos, pues sería una estupidez cambiar un gran manicomio por manicomios chiquitos. Sí deben tener una gran apertura hacia la comunidad, sus instituciones, la organización laboral, el acceso a la cultura, etc. Y el fin de estas micro-instituciones deben ser la facilitación de las capacidades autónomas de los sujetos, su re-inserción social en el mínimo tiempo posible, la posibilidad de generar una vivienda, un trabajo, etc, en función de la potencia de las personas.
Por lo tanto es muy claro que la participación de múltiples actores y dispositivos, intra y extra esa pequeña institución, son imprescindibles: médicos, psicólogos, trabajadores, enfermeros, acompañantes terapéuticos, sociólogos, maestros, talleristas de todo tipo, profesores que enseñen oficios y métodos que sirvan  para la inserción en organizaciones laborales o en la generación de empleo propio… y un largo etcétera.
Finalizamos volviendo a la realidad concreta de nuestro trabajo con una frase dicha por un usuario: “los mejores momentos en este hospital son cuando está abierta la sala 14 y cuando viene un familiar a visitarnos”.

BIBLIOGRAFÍA
-Deleuze, G.; Parnet, C. “Diálogos”. Ed. Pre-Textos. Barcelona.
-Ehrenzweig, A. en “El orden oculto del arte” Ed. Labor. 1973.
-Latner, J. “Fundamentos de la Gestalt” Ed. 4 Vientos.
-Lee Teles, A. “Ética y transformación. Política, subjetividad y colectivos autónomos.” En Revista  Campo Grupal Nº 59. Buenos Aires.

1 comentario:

  1. PARA "IR CONSTRUYENDO"
    Estoy leyendo el artículo, que no conocía. Lo considero necesario desde que hace 8 meses , tras la amable invitación del Lic. Penino, hemos integrado (o incluido...) nuestro Grupo de Percepción Musical a la sala 14. Me parece un buen punto de partida para pensar juntos. En principio, no comparto el acápite "“Ni método, ni reglas, ni recetas. Tan sólo una larga preparación” (Deleuze-Parnet, “Diálogos”. Por ello, luego de leer todo el artículo, compartiré mi modesta pero involucrada opinión. Gracias a los autores por compartir su punto de vista.
    Luego de leer el artículo, puedo decir que reconforta saber que trabajo en un espacio en el que se aspira a lograr objetivos compartibles. No obstante, a lo largo del escrito se habla bastante de arte. Sin embargo, al finalizar el artículo aparece: "Por lo tanto es muy claro que la participación de múltiples actores y dispositivos, intra y extra esa pequeña institución, son imprescindibles: médicos, psicólogos, trabajadores, enfermeros, acompañantes terapéuticos, sociólogos, maestros, talleristas de todo tipo, profesores que enseñen oficios y métodos que sirvan para la inserción en organizaciones laborales o en la generación de empleo propio… y un largo etcétera". Me pregunto si el arte (es decir, los artistas docentes) no estaban contemplados al momento de escribir el citado artículo. Será buen tema para abordar en la propia sala, creo.

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