lunes, 6 de enero de 2014

EL LEGADO DE LA ANTIPSIQUIATRÍA

EL LEGADO DE LA ANTIPSIQUIATRIA



Lic. Psic. Alfredo Perdomo (2002)



Leyendo en “Rehabilitación psicosocial de personas con trastornos mentales crónicos”, libro de avanzada de Rehabilitación en el campo psiquiátrico (1), me encuentro que en el capítulo 3 se trazan momentos históricos en las denominadas prácticas y concepciones de rehabilitación. Allí se recuerda a los pioneros de la Psiquiatría como Pinel y la Terapia Moral, el Acta de Rehabilitación Norteamericana de 1943 “donde se plantea el derecho de los enfermos mentales a la rehabilitación y al entrenamiento y, como en el caso de los discapacitados físicos, la necesidad de crear apoyos sociales, comunitarios y económicos para la atención y tratamiento” (2) que abre nuevas miradas en la cultura occidental hacia “el loco”.  También se destaca que en los años 50 y 60 cobra fuerza “la idea de situar el trabajo con los pacientes mentales crónicos o discapacitados en la comunidad” (3) y se menciona el modelo de Comunidad Terapéutica de Maxwell Jones. Además se relata que “la salida de los enfermos mentales graves de los hospitales psiquiátricos sólo pudo ser posible desde que, a finales de 1950, comienzan a utilizarse los primeros antipsicóticos” (4). Y hay una mención de “el gran debate y posterior asunción de la idea de que la reclusión de los enfermos en inmensos centros, supuestamente asistenciales y psiquiátricos, atentaba contra el principal valor de las personas: su libertad y dignidad personal” (5).

En el capítulo 19 del mismo libro señalan sus autores que “en la historia del Hospital Psiquiátrico se han sucedido varias oleadas reformistas (“tratamiento moral”, “antipsiquiatría”, etc.) con su correspondiente contestación reaccionaria “siendo el resultado de estos choques de fuerzas “la supervivencia del Hospital Psiquiátrico” (6). Esta es la única (y muy pobre, por cierto) mención que he visto en el libro, con muchos detalles en acontecimientos históricos de la Psiquiatría, acerca de la Antipsiquiatría en forma directa (es decir, mencionando el movimiento con su nombre).

Sin embargo, la Antipsiquiatría en su apogeo causó gran oleaje en las turbias aguas de la Psiquiatría en la segunda mitad del pasado siglo, y sus efectos hoy día son visibles. Laing, Cooper y los antipsiquiatras norteamericanos fueron “escandalosos” para el público de dos congresos sobre Psicosis Infantil llevados a cabo en Francia en los años 1967 y 1968. “La  referencia sociológica y aún ‘humanítaria’” (7) fue rechazada por los psiquiatras y psicoanalistas franceses (a excepción de Lacan), según apreciaciones de Maud Manonni. La psicoanalista lacaniana valoriza muchos aspectos de la Antiqpsiquiatría, pero cuestiona “un puro activismo del que no está siempre exenta, que transformaría a los psiquiatras en superasistentes sociales” (8). Junto con ello denuncia Manonni la utopía de creer que “con la libertad no habría más locura” y  “que la revolución permitiría resolver las cuestiones planteadas por la locura” (9).

En 1981 se realizó en Cuernavaca (México) el “Primer Encuentro Latinoamericano y 5º Internacional de Alternativas a la Psiquiatría”. Allí los participantes toman ideas de Franco Basaglia: “no una psiquiatría alternativa sino una alternativa a la psiquiatría”, según cita Sylvia Marcos (10). Pero señalan que no forman parte del movimiento antipsiquiátrico a pesar de reconocer que emergen de él. Cuestionando probablemente el trabajo de Laing y Cooper en sus “antihospitales”, enfatizan: “no pretendemos que el viaje hacia la locura sea una solución ni que la existencia de pequeñas células  -comunidades terapéuticas- elitistas, económica y cultralmente, al margen de la macroestructura, sean nuestra respuesta” (11). Aún así tomaron mucho de ellos. Como pequeños ejemplo del legado de la Antipsiquiatría en este Encuentro, Félix Guattari en su ponencia afirma que “solamente podremos sensibilizar a los sindicatos y partidos de izquierda a condición de que existan pequeños grupos como los que animó el desaparecido Franco Basaglia en Trieste, como los que se agruparon en Psiquiatría Democrática” (12), en pro de políticas antimanicomiales.

Continuando con las resonancias que aún genera el movimiento antipsiquiátrico, vemos que Gregorio Baremblitt toma el cuestionamiento a la psiquiatría y el campo “psi” en general en su “papel de represores que la sociedad nos adjudica, de vigilantes de una diferencia, con una serie de racionalizaciones, idealizaciones políticas, epistemológicas, teóricas y técnicas” (13). Si bien este autor considera en cierto sentido exagerada esta posición, también la considera “válida”: “yo creo que esta es la crítica que nos han hecho las diversad modalidades de antipsiquiatría” (14). También toma elementos de autores como Basaglia para su crítica del modelo médico hegemónico (15).

Enrique Pichón Rivière (16) cuestiona de Laing y Cooper “desviaciones serias” del pensamiento de Sartre, “raíces místicas que descarto”, rechazando “el concepto de alineación de Laing y la función que tiene la familia dentro del esquema de Cooper”. Pero asimismo estima que el mayor valor de la Antipsiquiatría “radica en haber puesto en acción a los terapeutas jóvenes para pensar más, para plantearse a fondo cuestiones sobre las que hay que volver una y otra vez” (17).
En 1977, cercano en el tiempo a las ideas de Pichón, Eduardo Pavlovsky “transita la línea ideológica iniciada por Laing y Cooper”, “muestra abiertamente el sentimiento común con el pensamiento de la Anti – Psiquiatría” (18). “Adolescencia y Mito” cuenta con muchísimas poesías de Ronald Laing de su obra “Nudos”. Obviamente no es un texto estrictamente “antipsiquiátrico, si bien es una línea fundamental del pensamiento de uno de los grandes del Psicodrama y la Psicología Social rioplantense en ese entonces, quien ya comenzaba a tomar ideas del Esquizoanálisis (19).

Félix Guattari en 1991 señaló que con la Antipsiquiatría tuvo “muchas afinidades pero también muchas ambigüedades”. “Lo que me molestaba en Laing era que para él las dimensiones políticas y sociales no tenían prácticamente ningún valor” (20). Participó el francés con Basaglia y Jervis en Italia, moviéndose con los partidos políticos, buscando abolir los hospitales psiquiátricos. “Pero al mismo tiempo, la dimensión prepersonal, analítica, de producción de subjetividad, no solamente en el campo social, sino también en el de la creatividad social y del análisis en su sentido más amplio (psicoanálisis, autoanálisis, análisis de grupo, pedagogía institucional), carecían de interés para Basaglia. Yo se lo reprochaba mucho, señalándole que al margen de lo capital de esas acciones sociales, si no se tiene una posición crítica, una posición de formación en el terreno de las técnicas –psicoterapia para los psicóticos, técnicas de psicoterapia para los niños, psicoterapia de grupo, psicoterapia institucional, etc.-, uno deja el campo libre al mercado , con las propuestas conductistas y todo tipo de cosas relativamente ilusorias” (21). Tal postura es la misma que se puede vislumbrar en autores como E. Pavlovsky (22). En 1965 se crea la Red Alternativa a la Psiquiatría, con muchos encuentros en Europa y América (entre ellos el antes citado en México). “las cosas se deshicieron mucho porque todo se deshizo en Europa. Actualmente atravesamos  un período de hielo, pero el problema sigue ahí. Afortunadamente, aún perduran algunos centros alternativos muy interesantes que se originaron a partir de esa red, por ejemplo en Trieste, en torno a Franco Rotelli, que es el sucesor de Basaglia. Ahí asistimos a un principio de síntesis entre diferentes perspectivas. A la vez, hay todo tipo de actividades microsociales, con la creación de cooperativas, en los cuales se encuentran no solamente los antiguos enfermos mentales, sino también personas con problemas sociales, delincuentes, cesantes, prostitutas.  Son centros de creación institucional muy apasionantes. Siempre hay esa perspectiva de acción en el campo social, no solamente en Italia, sino a nivel internacional. El grupo de Franco Rotelli interviene en Brasil, Grecia, entre otros países” (23).

Volviendo al libro de Abelardo Rodríguez, en el capítulo 2 si bien sus autores se olvidan de mencionar a Laing y Cooper toman el movimiento antipsiquiátrico italiano. Curiosamente no aparece allí la palabra “Antipsiquiatría” (¿será una mala palabra para el lenguaje psiquiátrico contemporáneo?). Es justo señalar que ubican en un lugar importante para la Rehabilitación Psicosocial la crítica de Basaglia y sus seguidores a los manicomios y su pretensión de desmontarlos y sustiruirlos “por una atención comunitaria integradora” (24). Creo que esta apreciación es realmente trascendente  y ubica al movimiento antipsiquiátrico (aunque sin designarlo como tal) como un importante punto de partida para una reforma en Psiquiatría que aún está en proceso a nivel mundial y que parece conllevar el fin del establecimiento manicomial.

“Este movimiento de crítica y diferentes experiencias desinstitucionalizadoras y de transformación de distintos hospitales psiquiátricos (Gorizia, Perusa, Trieste) confluyen y promueven la elaboración y promulgación en 1977 de la famosa Ley 180. Esta ley asume la necesidad de cerrar los manicomios y crear un sistema de servicios alternativos en la comunidad. Prohíbe la construcción de nuevos hospitales psquiátricos y establece que a partir de mayo de 1978 no se podrán realizar ingresos nuevos en los hospitales psiquiátricos y desde diciembre de 1981 no se producirán ingresos de ningún tipo. Se establece asimismo, la creación de unidades psiquiátricas con no más de quince camas en los hospitales generales donde deberán realizarse todos los ingresos.
La reforma italiana desarrollada mediante esta ley se caracteriza por los siguientes rasgos:
-Desaparición gradual de los hospitales psiquiátricos.
-Diseño de nuevos servicios comunitarios considerados como alternativos a los hospitales psiquiátricos y no como complementarios o adicionales a ellos.
-La psiquiatría hospitalaria se concibe como un elemento de apoyo al cuidado comunitario.
-Se busca la integración y coordinación entre todos los servicios de atención en cada área geográfica (centros de salud mental, unidades de hospitalización, centros de soporte  social, alojamientos protegidos, etc.)
El devenir de la reforma en Italia, tras el impulso y  la ilusión inicial, ha tenido un desarrollo muy desigual en las diferentes regiones.  En muchas zonas del sur del país apenas sí ha comenzado. Ha sido en las regiones más ricas del norte donde se ha implantado de un modo más amplio y coherente.
Trieste constituye un extraordinario ejemplo: se ha desmantelado el hospital psiquiátrico y se ha devuelto a los ciudadanos el uso de sus espacios y se ha logrado integrar a los enfermos mentales en la ciudad a través de una amlia gama de dispositivos sanitarios, sociales y laborales que permiten asegurar una atención integral y continuada a la población enferma mental” (25).

El mismo Franco Rotelli lo afirma: “con la ley de 1978 en Italia, se pudo afirmar legalmente que los hospitales psiquiátricos tienen que clausurarse y ser sustituídos por servicios en la comunidad” (26). Y en la misma línea se ubica la Rehabilitación Psicosocial hay día: “no hay vuelta atrás; el manicomio ha demostrado claramente su inadecuación y sus consecuencias negativas. Las políticas de reforma deben continuar y profundizarse aprendiendo de los errores y problemas para corregirlos y suerarlos. La atención comunitaria al enfermo mental crónico es posible, necesaria y es mejor si se organiza y planifica adecuadamente y se le dota de los recursos técnicos y sobre todo económicos necesarios” (27).

Y en Argentina hace tiempo que este proceso está no sólo en la boca de intelectuales, sino en actos concretos, en un proceso denominado “Desmanicomialización” iniciado en los 80 en la provincia de Río Negro (28). En unas jornadas al respecto organizadas por la revista “Zona Erógena” en 1993, es significativo mencionar que en el debate de “los modelos técnicos y prácticas: mientras algunos argentinos citaban constantemente a Basaglia, los iutalianos –balance crítico de Basaglia mediante- reivindicaron la importancia de pensadores como Pichón Rivière y Bleger” (29). Pero, la cuestión de cómo desmanicomializar lleva a la polémica, en función de los diferentes puntos de vista en cuanto a la estrategia a seguir. “Por ej. Se hizo por primera vez pública la diferencia respecto del ‘cómo cerrar’ el manicomio, entre quienes priorizan la necesidad de desarrollar previamente alternativas que garanticen el ‘después’ del cierre (como V. Galli) y los que sostienen la prioridad –ligada al imperativo éico-político de acabar ya con la institución totalitaria- de cerrar ‘ya’ (como Saidon), con aquellos que procuran articular lo político –incluído el imperativo ético- con lo técnico-institucional –es decir el diseño de alternativas que eviten abortar el proceso- (como Bauleo)” (30).

Sin duda es notoria como está creciendo en la vecina orilla buena parte de la semillita plantada por la antipsiquiatría. Baremblitt ya sostenía en 1982 la necesidad de “conseguir que se promulgue una ley que prohíba la construcción de hospicios, que es lo que Basaglia logró hacer en Italia” (31).

Y en ese camino se encuentran hoy día el Dr. Materrazzi y el reconocido Dr. Armando Bauleo, intentando comenzar en el Borda un proceso desmanicomializador. En una entrevista con el Dr. Bauleo, el periodista le pregunta si el proceso está en el marco de la Antipsiquiatría. “Usted dice antipsiquiatría, y es muy simpático que lo diga así, pero todos toman lo anti, y la desmanicomialización, parece que como todo va  a saltar por el aire, y que se acabó la enfermedad mental, se acabaron los tratamientos… y nadie está hablando de eso”. Es muy visible que esta “palabrita” aún rechina, tiene un sentido negativo en el ámbito psiquiátrico. A pesar de ello, el cambio, con todas las dificultades que conlleva, está en marcha: “que no haya servicios centralizados, ya no va a haber un hospital central que es el Hospital Psiquiátrico al cual se envía a los pacientes. Sino (que) se trabaja con la noción de red. O sea: ambulatorio, salas en los hospitales polivalentes… Todo un dispositivo en el cual hay todo un conjunto de recursos: consultorios; centros diurnos; centros nocturnos; centros de crisis: salas de servicios en los hospitales polivalentes, y fundamentalmente recursos de prevención” (32).

Y cabe esperar de aquí en más la multiplicación de la experiencia italiana impulsada por Basaglia y la Antipsiquiatría. Evidentemente este cambio que el Estado y la Psiquiatría a su servicio están iniciando, van de la mano con la ética de la eficacia neoliberal: “el neoliberalismo al igual que el cientificismo, se conciben, sustentan en una ‘racionalidad instrumental’ es decir: la racionalidad de la acción humana con ‘arreglo a fines’ y no con ‘arreglo a valores’. Esto implica una ‘ética de la eficacia’” (33). Y es que los administradores estatales han visualizado el enorme gasto que acarrean las estructuras de atención psiquiátrica tal cual están en la actualidad. “Esto en un cálculo ya hecho por Franco Basaglia veinte años atrás, que cuesta muchísimo menos una Red que el Hospital Psiquiátrico. Cuesta mucho menos, ¿por qué?. Porque directamente dentro del Hospital Psiquiátrico hay estructuras que se están alimentando no sabemos muy bien para qué” (34).

Evidentemente estos cambios tienen su raigambre en los nuevos devenires sociohistóricos. Estamos pasando de las sociedades disciplinarias a las sociedades de control. Pasaje que marca la crisis de los ”moldes” de los encierros (prisión, hospital, escuela, etc.) a la “modulación” de los controles que actúan  “como un molde autodeformante que cambiaría continuamente, de un momento a otro, o como un tamiz cuya malla cambiaría de un punto al otro” (35). Según Deleuze tal pasaje marca el principio del fin de las grandes organizaciones de encierro fundadas en el siglo 19 (escuela, fábrica, cuartel,etc.) y productoras de subjetividad disciplinada, al control de la subjetividad a través de espacios abiertos modulándola a través de la organización del tiempo libre y la vida cotidiana, la televisión, la informática, el control satelital, etc…. produciendo básicamente una subjetividad diagramada por el marketing, endeudada y consumista. Y en estos cambios urge la modificación de las insitiuciones. “Por ejemplo, en la crisis del hospital como lugar de encierro, la sectorización, los hospitales de día, la atención a domicilio pudieron marcar al principio nuevas libertades,m pero participan también de mecanismos de control que rivalizan con los más duros encierros” (36).

El capitalismo sabe digerir y procesar en fuinción de sus intereses aquello que se le resiste. Así está pasando con el cierre de los manicomios, uno de los principios más caros de la Antipsiquiatría y la Contracultura en los años 60 y 70. “La antipsiquiatría fue el comienzo de un movimiento crítico, fue un decir ‘no’ a la expropiación de la salud mental por los técnicos de ella, un ‘no’ a la masificación idiotizante de los fármacos, un ‘no’ a la represión brutal en los manicomios, ‘no’ a los electroshocks, ‘no’ a la normalización de los valores de la sociedad capitalista (burguesa), ‘no’ a la interpretación de la locura como mala intrínsecamente, ‘no’ a la normalidad enajenada” (37). Dicho movimiento no se restringió al cierre de los manicomios, lleva intrínseco un devenir ético-político de cambio en las relaciones humanas sociales y en el lugar del poder médico-psiquiátrico. Celebremos la desmanicomialización y estimulémosla en los lugares donde no se ha producido (como es muy evidente en Uruguay), pero urge no quedarse alli. Las políticas de normalización continúan y aún podemos esperar monstruos tanto o más temibles que el manicomio (basta esperar los aún insospechados alcances que pueden tener los descubrimientos genéticos, la tecnología de la clonación entre otros). Por ello vale la pena re-visitar  críticamente los textos antipsiquiátricos y los de sus seguidores. Porque en ellos hay toda una tradición de posicionamiento crítico hacia el poder psiquiátrico, que puede ser muy útil para la generación nuevos valores y prácticas alternativas, transformadoras y desalienantes.

NOTAS:
1) Rodríguez, A. (Coordinador). (1977). “Rehabilitación psicosocial de personas con trastornos mentales crónicos”. Madrid, Ediciones Pirámide.
2) Fernández, M.V.; González, J; Fernández, J.M. et al. “El campo de la rehabilitación psicosocial”. En: Rodríguez, a. Op. Cit.
3) Idem
4) Idem
5) Idem
6)Fernández, J.A.; Reyes, M; Ramal, J. “La rehabilitación psicosocial en hospitales psiquiátricos”. En: Rodríguez, A. Op. Cit.
7) Mannoni, M. “Prefacio para la edición argentina”. En: Mannoni, M; Winnicott, D.W.; Lacan, J. et al. (1980) “Psicosis infantile”. Buenos Aires, Ed. Nueva Visión.
8) Idem
9) Idem
10) Marcos, S. “Introducción”. En: Marcos, S (Coordinadora) (1983). “Manicomios y prisiones”. México, Red-ediciones.
11) “Insistimos”. En: Marcos, S: Op. Cit.
12) Guattari, F. “La revolución molecular”. En: Marcos, S. Op. Cit.
13) Baremblitt, G. “Sobre psicoterapia en las instituciones y la institución de la psicoterapia”. En: Baremblitt, G. (1988) “Saber, poder, quehacer y deseo” Bs. As., Ed. Nueva Visión.
14) Idem
15) Baremblitt, G. “El modelo médico hegemónico, su influencia y sus alternativas”. En; Baremblitt, G. Op. Cit.
16) Zito Lema, V. (1976) “Conversaciones con Enrique Pichón Rivière” (CEUP).
17) Idem
18) Fiasché, A. “Prólogo”. En: Pavlovsky, E (1977) “Adolescencia y mito”. Bs. As., Ed. Ayllu.
19) Pavlovsky, E. “El antiedipo”. En: Pavlovsky, E. Op cit.
20) Guattari, F. “Antipsiquiatría, psicoanálisis  e institución”. En: Guattari, F. (1998) “El devenir de la subjetividad”. Santiago de Chile, Ed. Dolman.
21) Idem.
22) Pavolvsky, E. Op. cit.
23) Guattari, F. Op. cit.
24) Rodríguez, A.; Sobrino, T. “La evolución de la atención al enfermo mental crónico: la reforma psiquiátrica y el desarrollo de la atención comunitaria”. En: Rodríguez, A. Op. Cit.
25) Idem.
26) Rotelli, F. “La institución destruída”. En: Marcos, S. Op. Cit.
27) Idem que 24.
28) “Desmanicomialización”. En: “Zona  Erógena, revista abierta de Psicoanálisis y pensamiento contemporáneo” Nº 15. Primavera 1993. Bs. Argentina. Págs. 39 y 40.
29) Idem
30) Idem
31) Idem que 13.
32) Dibarboure, L. “Sur, manicomio y ¿Cuándo el después?. La desmanicomialización del Hospital Borda. Entrevista con Armando Bauleo”. En: Topìa Revista (sitio web).
33) Giorgi, V; Rebellato, J.L.; del Huerto Nari, M. “Incidencia de la cultura neoliberal sobre la salud, sus técnicos y sus instituciones”. En: “Segundas Jornadas de Psicología Universitaria”. Montevideo-Uruguay. 18 y 19 de agosto de 1995. Ed. Multiplicidades.
34) Idem que 32
35) Deleuze, G. “Posdata sobre las sociedades de control”. Ficha CEUP.
36) Idem.
37) “Insistimos”. En: Marcos, S. Op. Cit.








No hay comentarios:

Publicar un comentario