lunes, 6 de enero de 2014

INQUIETUDES ESQUIZOANALÍTICAS EN UNA SALA DE SEGURIDAD





Tìtulo: Inquietudes esquizoanalíticas en una sala de seguridad.
Autor: Lic. en Psicología Alfredo Perdomo






Eje Temático: De la institucionalización de la locura a la “locura” de amar y transformar.
Área teórico-práctica: Esquizoanálisis.

Presentado en alguno de los Congresos Internacionales de Salud Mental y Derechos Humanos en Argentina, 2006 - 2007?





Objetivos: La realización de un despliegue crítico de algunas de las principales condiciones de la sala de seguridad 11 del Hospital Psiquiátrico Vilardebó. Presentar el devenir de un año de trabajo en dicha sala como psicólogo. Generar una crítica al modelo manicomial desde una perspectiva esquizoanalítica y desmanicomializadora.

Temática principal: Describe buena parte del quehacer psicológico desde una perspectiva esquizoanalítica en la sala de seguridad 11 del Hospital Vilardebó, en el lapso de un año de trabajo, señalando sus logros y dificultades, avances y retrocesos.

Conclusiones: Análisis crítico del dispositivo de sala 11, así como de los establecimientos de encierro Manicomio y Prisión, proponiendo una alternativa desde una óptica desmanicomializadora.









INQUIETUDES (1) ESQUIZOANALÍTICAS EN UNA SALA DE SEGURIDAD

Sala de seguridad de hombres número 11, horario de 18 a 22 horas. Hospital Psiquiátrico Vilardebó. Siniestro lugar de reclusión temporaria (días, meses, algunas veces años) de parte  de los deshechos humanos que rechaza (a la vez que los produce) el Capitalismo Mundial Integrado (ver 2 pág. 15,  y 3 pag. 183). Diversas formas y devenires de la subjetividad se hacen allí presentes, para padecer los intentos ortopédicos por “enderezar” sus conductas, por tornar a esta gente algo más “aceptable” para las necesidades  formales que el sistema exige para la “bendita” libertad que la mayoría gozamos. Interesante espacio de enclave de diversos poderes-saberes del Estado, donde el Poder Judicial y la Psiquiatría son, sin dudas, los más determinantes. Ambos colaboran efectivamente desde el siglo XIX con el control social (ver 4, Clase del 15 de enero de 1975). Herramientas de la vigilancia y el castigo, además de portadoras de Saber, Quehaceres, Poder y otras yerbas. Estas instituciones se encargan de disponer de estos cuerpos perturbadores y rebeldes a las “buenas costumbres” y a la “moral doméstica” que nuestra Republicana y “Democrática” Patria Capitalista “Racional” (¿?) exige. En algunas ocasiones el diagnóstico o veredicto los deposita en la cárcel, en otras en el Manicomio, y a veces deambulan entre uno y otro establecimiento de encierro hasta que el castigo culmina (y en muchas ocasiones con el tiempo todo vuelve a repetirse).

Yo trabajo en este siniestro, ominoso lugar. Y me refiero a ominoso no exclusivamente desde un punto de vista peyorativo, sino también en el que Freud emplea cuando dice: “lo ominoso es aquella variedad de lo terrorífico que se remonta a lo consabido de antiguo, a lo familiar desde hace largo tiempo” (5, pág. 220“). Freud se pregunta tras esta frase: “¿Cómo es posible que lo familiar devenga ominoso, terrorífico, y en qué condiciones ocurre?” (ídem anterior). Está claro que “lo loco” y “lo delictivo” son cualidades sumamente familiares a todas las subjetividades, no hay historia subjetiva que no se componga en algún punto con momentos de irracionalidad o de transgresión. Pero, a su vez, dichas cualidades subjetivas son rechazadas, expulsadas, reprimidas generalmente por nuestras cabezas neuróticas adaptativas. Claro, siempre y cuando tengamos y/o hayamos tenido un suficiente holding afectivo, pensante y “material” (aludo por material a: comida, abrigo, confort, etc.) en nuestra historia vital, sobre todo en nuestra infancia y adolescencia. En este lugar del que hablo y en el que trabajo está, precisamente, parte de esa humanidad en la que fallaron, en gran medida, las tres sustancias antedichas en esa continentación imprescindible para el saludable desarrollo integral de las personas (dependiendo de las situaciones, con mayor hincapié a veces en uno u otro/s de los tres puntos).

¿Qué hace ahí, en ese lugar, un psicólogo que intenta sostener un quehacer que denomina esquizoanalítico? La Sala 11 parece una cárcel en su estructura física, aunque en la misma no hay policías. La división espacial cuerpo de funcionarios-cuerpo de pacientes es notoria, y no hay otro lugar del Hospital Vilardebó que se asemeje en ese sentido (ni siquiera la sala de seguridad de mujeres). Una gran pared con rejas y ventanas sostiene esta división. Sus ventanas suelen abrirse mucho más que la puerta, para el pasaje de medicación, termos de agua caliente y algunas pequeñas cosas más. Por suerte, dentro de esas “pequeñas cosas más” hay de vez en cuando palabras, pensamiento, afectos, diálogos, etc, de todos los sabores imaginables. Las otras divisiones importantes existentes son: un cielo alambrado (con algunas pequeñas averías remendadas) que los separan-comunican con las salas de arriba (en ocasiones lugar de pasaje de tabaco, ropa y algunas cosillas ilegales que dos por tres se descubren); y otra pared también separante-comunicante a la vez con la Sala de Seguridad atenuada (la 10, donde también laburo). Con la 10 la comunicación está dada por unas ventanitas que no se han cerrado porque dejarían a los pacientes de dicha sala sin ventilación, y allí también ocurren todo tipo de intercambios y transas. En la 10 los pacientes tienen un poco más de libertades y pueden gozar de poseer algunos objetos que son prohibidos en la 11. Uno de esos intercambios entre la 10 y la 11 fue un ingrediente importante para el surgimiento de un amotinamiento de casi la mitad de los paciente, el único que hasta ahora me tocó vivir, en febrero de este año, y que gracias a la intervención comprensiva y abierta al diálogo de varios técnicos y funcionarios (entre los que me incluyo) no culminó con una represión policial.

Bien, ya estoy hablando de mi quehacer allí. Escuchar, comprender, dialogar, buscar soportes para el sostén del malestar subjetivo, intentar lograr niveles de producción de subjetivación en el encuentro con el otro. Tomo el “esquizoema” Producción de Subjetivación como lo piensa Baremblitt, es decir aquellos procesos “en los que prevalece la producción de producción” (6, págs 202 y 215). Dice el mismo autor en otro libro: “Lo que sí hay, por contraposición al proceso de producción de subjetividad uniforme, sujetada y sometida, son infinitos y heterogéneos procesos de producción de subjetivación libre, productiva, deseante, revolucionaria” (3,pág. 177). Como se podrán imaginar es una difícil tarea, mas no imposible. 

No escapamos  a los aportes para la tarea clasificatoria psicopatológica, realizando la instrumentación de los psicodiagnósticos y sus correspondientes informes. No dejamos de colaborar en los procesos de subjetividad, buscando con las herramientas “psi” a nuestro alcance modalidades adaptativas al medio, procurando  la catectización de valores e intereses afines a las modalidades subjetivas predominantes. Esto es: que en lo posible trabajen o desarrollen alguna actividad que potencie sus capacidades productivas para el trabajo, que desplieguen su sexualidad y afectividad , que aumenten su capacidad vincular, que prosigan con el tratamiento psiquiátrico, que concurran a grupos de autoayuda (en el caso de alcoholismo y adicciones), que no consuman alcohol o drogas en forma dañina, que vayan a un psicólogo, etc. Esta producción de reproducción subjetiva tiene también como finalidad lograr un estrato psíquico que habilite a otras dimensiones donde poder soportar  la subjetivación.

Vale la pena señalar que ya el hecho de producir espacios de escucha, de reflexión , de sentir-se, pensar-se, genera líneas de fuga subjetivantes, promotoras de focos de autopoiesis. Tomo el término autopoiesis en el sentido que le da Félix Guattari: “es la idea de que los sistemas, no solamente ponen en acción sus propios elementos, sino que también autoalimentan su estructura; hacen una autoproducción existencial, que crea, no solamente sus estructuras internas, sino también en referencia con el mundo, la relación con la alteridad, sus procesos de compromiso en las distintas vías de construcción del mundo”(2, pág. 53). Intentamos ayudar en la producción de subjetivación trabajando la historia, desplegando sentimientos, vivencias, sorprendiéndonos con producción de pensamiento e ideas, cartografiando trazos de vida y novedades en palabras, escrituras, dibujos, imaginaciones y otras tecnologías “psi”. Dándole lugar a la expresión del malestar del encierro, y al que proviene de sus condiciones culturales y económicas (entre tantas otras dimensiones). Autopoiesis que sustente un modo existencial más constructivo, crítico y alegre. Ayudar a dar lugar a otras formas de expresiones del dolor y el odio, procurando desarticular los resentimientos, estimulando el sentido del amor por la alegría de vivir. Delicado equilibrio entre la adaptación y la transformación, lo liso y lo estriado, lo nómade y lo sedentario.

En el devenir de nuestro trabajo nos hemos encontrado con muchas dificultades. Al principio las ganas y posiblemente mucho de negación nos hizo hacer oídos sordos a las advertencias de los enfermeros y guardias y nos insertábamos en el patio y en las salas con los pacientes, inventando (en ocasiones con ellos) distintos dispositivos grupales: grupos de escucha, asambleas, juegos, pinturas, murga, canto, vóleyball, fútbol, truco, artesanías, etc. Una bella y rica eclosión de despliegues múltiples subjetivadores, una muestra de los elementos terapéuticos imprescindibles desde nuestra perspectiva en condiciones de internación (y seguramente en muchas otras condiciones), un grito vital en medio de tanta tristeza y resentimiento. Pero estas últimas lamentables afecciones nos fueron ganando. Vencidos por rumores de que nos iban a tomar de rehenes para una fuga, de que cuando llegan las fiestas se ponen peor porque quieren salir para estar con su familia y son capaces de cualquier cosa, etc., nuestro coordinador del servicio nos aconseja no entrar por un tiempo a la sala, atendiendo a los pacientes grupalmente a través de la reja. Luego aparecen peleas entre pacientes y un sentido clima hostil. A pesar de ello intento realizar una actividad grupal centrada en grupos de escucha, pero a las pocas semanas el clima se torna más denso y aparece un amotinamiento de varios pacientes. Este hecho, junto a algunas fugas y la persistencia de un clima hostil, nos hace retroceder por miedo, desistiendo de actividades grupales dentro de la Sala. Sí se dieron, en contadas ocasiones, momentos de partidos de fútbol donde se plegaron enfermeros y guardias. Lamentablemente el miedo ha ganado más terreno y estos partidos son realmente escasos. Hoy día nuestras actividades se limitan prácticamente al trabajo individual con pacientes en tareas psicodiagnósticas y psicoterapéuticas. De vez en cuando, sí hay algún momento de soporte grupal desde la ventan, sobre todo cuando se perciben ciertos malestares en la sala, procurando prevenir efectos aún más desagradables.

Seguramente en el arranque de nuestro trabajo actuamos –en parte- intentando paliar una falta. Y digo “actuamos”, incluyendo a la dirección del Hospital que nos indicó inicialmente realizar actividades grupales en la sala. Ante la carencia de actividades de algún tipo en la sala que no sean las médicas, las típicas de enfermería y las clásicas de vigilancia, quisimos cumplir en parte el rol de talleristas de música, pintura, actividades físicas, recreadores, etc. Cabe aclarar que no lo pensamos así, porque nunca dejamos de ser psicólogos en dichas actividades, donde las tareas eran un medio para producir subjetividad y sobre todo subjetivación. Pero es notoria la ausencia de espacios mínimos necesarios para mover esos cuerpos ociosos, tediosos, llenos de momentos vacíos, a la merced de actos espontáneos de sociabilidad, llenos de aburrimientos, con realmente poca cosa para hacer. Al  menos no faltan las radios y la televisión: lamentables únicos soportes terapéuticos fuera de las pastillas, las micronarcosis, el espacio psicológico, el mate, el cigarro y la comida. Con razón los pacientes se quejan de  no tener nada para hacer. Se los ve a muchos caminando en el reducido espacio de un lado para otro en monótonas recorridas. Hasta los que no hacen “la caída” no encuentran en la Sala un estímulo para quedarse y algunas veces procuran la fuga. Tal vez un acto de salud ante lo enfermo de esta circunstancia.

Momento de activar una crítica, nuevamente, desde el único lugar posible para la crítica (ver 7, pág. 70). Crítica que apunta al desarrollo de un sistema diferente de atención en Salud Mental, que logre desmantelar las grandes estructuras manicomiales, que focalice su atención en dispositivos más pequeños ubicados en los barrios con técnicos apropiados y múltiples actividades lúdicas, productivas y de capacitación para la vida laboral. También que instaure dispositivos estratégicos de trabajo psicosocial con las familias. Pequeños centros que estén en mayor contacto con la comunidad de la zona, sus vecinos y sus instituciones públicas y privadas, procurando en lo posible la mayor potenciación de las capacidades de ciudadanía de los denominados “pacientes psiquiátricos”. Me remito a lo ya expresado por varios autores de Europa y de este continente (ver 8 y 9). Ahora bien, cabe acotar que es más compleja la situación en lo referente a las situaciones de los pacientes judiciales, donde habría que pensar para aquellas personas que provienen de cárcel un dispositivo diferente (hasta que no obtengan la libertad) aunque similar en cuanto a que sea más pequeño, con técnicos adecuados y con un arsenal de dispositivos lúdicos, productivos y de capacitación apropiados. Y trabajando con ellos, sus familias y los niveles comunitarios a los que se pueda acceder. Obviamente, sí debería tener un nivel adecuado de medidas de seguridad. Por último, también propongo cambiar las grandes estructuras carcelarias por dispositivos más pequeños, donde se procure una mayor humanización de las relaciones vinculares de los presos y funcionarios. Soy un convencido de que las grandes instituciones de control en masa pierden niveles de humanización y buen trato, generando situaciones de gran malestar, mucha violencia y por tanto violaciones a los DDHH. 

Obviamente, no es sólo achicando la organización que se logran cambios, también cambiando la cabeza en una serie de procedimientos, en la formación del personal, y en la puesta en marcha de actividades con claros fines preventivos, promotores de salud y psicoterapéuticos a nivel general. Y, lógicamente, el logro de grandes cambios estructurales sociales a niveles económicos, laborales, educativos, culturales, etc., que posibiliten  un devenir social-histórico con ningún o al menos mínimos niveles de pobreza, desempleo y exclusión social, ayudarían mucho más al cambio en los sistemas de atención de las cualidades subjetivas “delictivas” y/o “locas”, y seguramente a la menor aparición de las mismas. Por ello, habrá que seguir luchando.




NOTAS Y REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

1)    “Inquietud”: Falta de quietud. 2 Agitación, alboroto. 3 Preocupaciones”, extraído de:  Diccionario Aristos. Ed. Sopena, Barcelona, 1988.
2)    Guattari, F. El devenir de la subjetividad. Ed. Dolmen, Santiago de Chjle, 1998.
3)    Baremblitt, G. Compendio de análisis institucional. Ed. Madres de Plaza de Mayo, Bs. As., 2005.
4)    Foucault, M. Los anormales. Ed. Fondo de Cultura Económica, Bs. As., 2000.
5)    Freud, S. Lo ominoso. En: Tomo 17 de Obras Completas de Sigmund Freud. Ed. Amorrortu
6)    Baremblitt, G. Psicoanálisis y Esquizoanálisis. Ed. Madres de Plaza de Mayo, Bs. As., 2004.
7)    Crítica: “modo de existencia del pensamiento, removedora de todo aquello que se consideraba inmóvil y eterno, capaz  de sacudir, de fragmentar lo que se creía unido y conforme a sí mismo. Y al mismo tiempo, práctica transformadora, acto propositivo y afirmador, capaz de inaugurar caminos inéditos y dimensiones impensadas”. Extraído de: Raggio, A. Por una ética de la intervención. En: Lans, A. (coord.). Comunidad: clínica y complejidad. Ed. Multiplicidades, Montevideo, 1999.
8)    Rodríguez, A. (coordinador). Rehabilitación psicosocial de personas con trastornos mentales crónicos. Ed. Pirámide, Madrid, 1997.
9)    Dibarboure, L. Sur, manicomio y ¿cuándo el después? La desmanicomializacíon del Hospital Borda. Entrevista con Armando Bauleo. En: Topía Revista (sitio web)
















No hay comentarios:

Publicar un comentario