lunes, 8 de mayo de 2017

POR UNA CLÍNICA DEL ACONTECIMIENTO

POR UNA CLÍNICA DEL ACONTECIMIENTO

Lic. Psic. Alfredo Perdomo



Trabajando con una concepción de la clínica no ortodoxa, nos basamos en la instrumentación de una caja de herramientas singular, marcada por los trayectos formativos del clínico (cursos, psicoterapia, covisiones), la experiencia práctica y su creatividad. Apuntando a lo que Félix Guattari señala en varios de sus escritos últimos, una clínica de la multiplicidad (llámese esquizoanalítica o como se quiera) no ha de funcionar como modelo, sino como meta-modelización. La misma funciona como “una  maquínica de la existencia cuyo objeto no está circunscrito en coordenadas extrínsecas y fijas; y ese objeto, en todo momento, puede desbordar de sí mismo, puede proliferar o abolirse junto con los Universos de alteridad componibles con él” (Guattari, F; 1996; pág. 83). Los objetos de esta maquínica son transversales y pueden ser variables, tanto los acostumbrados en la clínica convencional como todo aquello integrante del Multi-verso (arte, geografía, geología, lo social, lo económico, etc.). Es más, necesariamente para trabajar los fenómenos de la subjetividad ha de trabajarse todo ello, en cierta forma, aunque más que pensar en totalidades, siempre se trata de cuestiones parciales y singulares. Incluso se pueden utilizar las cartografías realizadas por otras clínicas (psicoanalíticas, cognitivas, sistémicas o las que fueran), siempre y cuando las mismas sean entendidas como verdades parciales y no absolutas. Clínica de las teorías y técnicas entendidas como utensilios de una caja de herramientas. Construcción de relatos singulares. Abandono de la intención sistemática de los mega-relatos modernistas.

La singularización de la clínica, y por ende se entiende también de la existencia, es justamente lo que caracteriza a una clínica del acontecimiento. Guattari se desmarca de la concepción de la transferencia al modo como la suele entender el Psicoanálisis. En una entrevista hecha por la psicoanalista Lichtenberg en 1989, Félix deja claro que no se enfoca en la transferencia en su trabajo y que apuesta  a ayudar al paciente en desarrollar medios de expresión y procesos de subjetivación. En su concepción de los mecanismos transferenciales éstos aluden a partes del cuerpo así como a máquinas pre-personales, procesos colectivos, institucionales, socio-históricos, etc. (Lichtenberg, B; 2012).

La concepción de lo virtual del filósofo Henri Bergson, trabajada entre otros por Gilles Deleuze, es tomada por Guattari a su modo (como es la costumbre tanto de Gilles como de Félix),  robándola y re-apropiándola, creándole hijos. También singularizándola. Lo virtual en Guattari atañe a todo aquello proveniente de la memoria del inconsciente productivo y colectivo (idea que se toca con el inconsciente junguiano, pero que no es obviamente el mismo, ya que está entroncado en una concepción materialista de lo colectivo, incluyendo todo lo social, cultural, etc, en sus niveles molares y moleculares). Memoria que se conjuga con la vida, pasado en acto que siempre está incidiendo en forma caosmótica, juego del azar y la complejidad, que produce acontecimiento. Una clínica del acontecimiento que piensa y trabaja para la producción del mismo, hasta su efectuación en lo real.

Ahora, ¿qué es esto, o mejor dicho aún, que puede ser, cómo conceptualizar una clínica del acontecimiento? ¿Y para qué sirve teorizar algo así? Deleuze y Guattari desde “El Anti Edipo” nos vienen previniendo de no “aplastar” la producción deseante con interpretazos (o interpretosis). Freud, el creador del psicoanálisis, dejó la segnalética y significante base teórica planteando que en el psiquismo nada es casual, que todo refiere a mecanismos propios de dinámicas del inconsciente. Sus seguidores, sobre todo kleinianos y lacanianos, han hecho de esta consigna un principio más realista que el del propio rey que la enunció. De ahí las interpretaciones continuas, reductoras de la producción del inconsciente, con manifiestos pecho y falo-céntricos, y sobre todo muy edípicos. De los más alejados de esa concepción reductora, podemos encontrar a Donald Winnicott, Masud Kan o Françoise Dolto. Pero, son grandes excepciones a la regla. Nómades dentro del encuadre de una clínica muy serializada y sedentarizada.

Pensando en devenires clínicos nómade-sedentarios justamente, entre estriamientos y alisamientos singulares, es que esta concepción se ubica. Guattari incluso advierte de los posibles daños que estas concepciones tan reductoras de la clínica y la subjetividad pueden ocasionar. El “sagrado familiarismo” suele ubicar a los psicoanalistas en explicaciones triangulares, relacionando toda la vida de una persona entre las figuras papá-mamá. En “El Anti Edipo” el dúo Guattareuze (denominación de la filósofa argentina Gabriela Berti, escuchada en las Terceras Jornadas Gilles Deleuze, Mar del Plata, 2015) denuncia esta posición reductora que deja afuera toda incidencia del campo social, histórico, económico, etc. Por ejemplo, toda denuncia ante un psicoanalista hacia toda figura de autoridad, se la vinculará a un problema con la figura paterna. ¿Qué esta primero, el huevo o la gallina (pregunta que hacen en “El Anti Edipo” en varias ocasiones)? ¿Las figuras de autoridad dentro de una sociedad jerárquica, como un patrón, jefe, general o incluso de un padre, son fruto de este último o dan cuenta de un funcionamiento social molar? No decimos que no son determinantes nuestros padres o hermanos, o las interiorizaciones y objetos parciales ligados a ellos, pero no es lo único que determina el deseo o lo que muchos llaman psiquismo. “El deseo es el sistema de signos a-significantes con los que se producen flujos de inconsciente en un campo social. Que la eclosión de deseo se produzca en la célula familiar o en una escuela de barrio, poco importa, lo cierto es que siempre cuestionará las estructuras establecidas. El deseo es revolucionario porque siempre quiere más conexiones y más agenciamientos. Pero el psicoanálisis corta y aplasta todas las conexiones, todos los agenciamientos. El psicoanálisis odia el deseo, odia la política” (Deleuze, G; Parnet, C; 2013, págs. 90 y 91). 

Incluso, aún teniendo claro que las figuras paterna y materna son importantes, Guattari advierte que no siempre es terapéutico poner en juego afectaciones ligadas a los padres en las intervenciones. Justamente, apostando a lo que acá podemos denominar como una clínica del acontecimiento, da el ejemplo de una paciente cantante que pierde a su madre y a la semana comienza a desentonar. Pero Guattari decide no abordar con interpretaciones freudianas, se mantiene fiel a su posicionamiento, acompañando la situación de la mujer, ofreciéndose como facilitador para su expresión, lo cual en el proceso hace que conquiste “algunos nuevos grados de libertad y poniéndose a gestionar en adelante su Superyó de una manera netamente más cómoda” (Guattari, F; 2000; pág. 40). “Un índice a-significante –la restricción de los rendimientos vocales- marca la cesación de algo, sin impedir, como el contexto lo revela, que otra cosa se produzca”… “Porque muchas cosas dependerán del juicio positivo o negativo con el que se connote este acontecimiento (puesta en cursiva de mi autoría). Toda inducción transferencial, hasta la más sutil, la más alusiva, que dejaría suponer la existencia, detrás de esta manifestación sintomática, de una culpabilidad de origen edípico, podría tener efectos devastadores o, por lo menos nos devolvería al cuadro depresivo que un psicoanalista descuenta “normalmente” en tales circunstancias” (Guattari, F; 2000, pág. 40). Guattari en este texto es más claro que el agua. Sabe que lo virtual va produciendo el acontecimiento, y que el analista es parte de esta conformación, y que buena parte de su posicionamiento facilitará o no un proceso autopoiético de singularización. Tira abajo la pretendida “neutralidad” del analista, denunciando la culpabilización edípica, la neurotización y formación de focos depresivos que el analista inyecta en la subjetividad. Afección triste propia de ese aplastamiento y reducción subjetiva.

Guattari, pensando con Toni Negri sobre el acontecimiento, afirman lo siguiente:
“T. N. – Conozco tu pasión por el acontecimiento y tu pasión por la vida. Pero cuando filosofas, pareces querer apartarte de eso. ¿Cómo gestionas la esquizofrenia estructura-acontecimiento? ¿No tienes tendencia a anticipar siempre la estructura subyacente al acontecimiento, con el riesgo de no dejarlo hablar? ¿Tropiezan con esta pregunta en tu trabajo con Deleuze? ¿Cuál es tu teoría del acontecimiento? ¿Cómo imaginar hoy no el proceso, sino el acontecimiento revolucionario, no las condiciones de la revolución sino el poder constituyente?

F. G. – El acontecimiento es un don de Dios. Siempre tenemos la impresión de que no pasa nada, de que ya no pasará nada. Luego surgen los “acontecimientos del Golfo”. Incluso allí, yo pensé que en el fondo, no pasaría nada. La máquina mass-mediática planetaria alisa todas las asperezas, todas las singularidades. Ya no se encuentran zonas de misterio. La cuestión ahora es hacer acontecimiento con lo que se presenta. No como los periodistas que están obligados, suceda lo que suceda, a inventarse uno. Sino de forma más poética. Por tanto aquí se trata en efecto de un poder constituyente, de una producción ontológica sui generis. Hacer con la serialidad. Aunque más no fuera soñando con los militares americanos asándose en sus carros, con la angustia de los rehenes, con el júbilo de los jóvenes árabes, con el delirio sistemático de Saddam… Esas escenas, sin límites precisos, ¡para que al fin pase algo! En cuanto a la pregunta que planteas, relativa a la estructura, me gustaría descentrarla. Jamás pretendo describir un estado de hecho, un estado de la historia o de la subjetividad. Solamente busco precisar las condiciones de posibilidad de los diversos modos de descripción posibles. Para aprehender o para rodear las problemáticas de la enunciación colectiva, todo sistema de modelización –sea teórico, teológico, estético, delirante– se ve llevado a posicionar lo que llamo factores ontológicos (los flujos, los filums maquínicos, los territorios existenciales, los universos incorporales). Resulta así resuelta o asumida parcialmente la cuestión, para mí esencial, del pluralismo ontológico. Hay elección de constelaciones singulares de universos de referencia, encarnadas en territorios existenciales, ellos mismos marcados por una precariedad, una finitud que hacen bascular al Ser en una irreversibilidad creacionista. En estas condiciones, una ontología solo puede ser cartográfica, metamodelización de figuras transitorias de las conjunciones intensitarias. El acontecimiento reside en esta conjunción de una cartografía enunciadora y esta adquisición de ser precaria, cualitativa, intensiva” (Guattari, F; 2015, pags 230 a 231).

Como vemos para Félix esta noción de acontecimiento es trascendente para su pensamiento en su más amplio efecto: filosófico, político, artístico, etc. Y también para el clínico. Guattari insiste, más allá del conocimiento que se tenga y el grado de bendición cientificista o de “verdad” que se le otorgue, en confiar más en los procesos de singularización, en el misterio del devenir. El trabajo esquizoanalítico: cartografiar los territorios existenciales (donde se mueven los sujetos, los colectivos, etc.), los flujos (libidinales-económicos, sociales, etc.), los fylums (la filogenética histórica humana y de los demás seres vivientes, de las máquinas y otros artefactos humanos en su maquínica, etc. abierta a las posibilidades de las disposiciones) y los Universos incorporales de valor (ética, arte, matemáticas, etc.). Cartografiar intensidades, afectos, pasiones, modos de pensar, expresar, mapear singularidades (más allá de los calcos, como bien queda señalado en la introducción de “Mil Mesetas”). Estar abierto al acontecimiento, a lo que pueda suceder, en definitiva a la vida. Una expresión que encuentra eco en Deleuze, cuando afirma que escribe para un pueblo por venir, en el sentido de afirmación de la existencia y de lo que el acontecimiento puede producir, siguiendo a Leibniz: “ser digno del acontecimiento, saber o llegar a ser digno del acontecimiento” (Deleuze, G; 2006, pág. 307). Implica esta concepción una clínica más abierta al futuro que a anclarse en el pasado.

Al pasado lo suyo, en la cuota necesaria. Adela, a quien tuve el gusto de acompañar en varios procesos terapéuticos, llega a mi consulta en un momento crítico. Sentía que la vida le exigía un cambio: su marido había dejado “un buen trabajo” por uno “sospechosamente clandestino”, ligado al juego, prostitución y drogas. Sabe que anda con otras mujeres y que tiene desde hace tiempo un consumo problemático de cocaína. Tiene dos hijos en edad escolar que comienzan a ver el descalabro familiar. Tras trabajar lo necesario de la historia de Adela para comprender su trayecto y posición actual, comenzamos a profundizar en su imaginación y creatividad. Pensar su proyecto de vida, y los pasos para ir alcanzándolo. El amor hacia su esposo iba decayendo cada vez más, sustituyéndolo por un odio cada vez más grande. Logra enfocarse en sus vínculos (algunos familiares y sobre todo sus amigas, pilares del sostén y del cambio), generando con ellos un colchón subjetivo que la ayuda a aliviar su malestar y ampliar sus campo de posibilidades. Nuevos agenciamientos se van produciendo. Cambios en lo laboral le van dando otro soporte económico. Y al fin se anima a dar un paso decisivo, el de ir poniendo límites con su pareja. Hasta lograr el corte. Su marido vuelve a vivir con sus padres. Y los desafíos de Adela pasan a ser otros. Desde el sostén económico hasta comenzar a sentir la necesidad de tener una nueva pareja (cosa a la que se había negado absolutamente por unos cuantos meses, “no me volveré a meter en vida con otro hombre nunca más”). Mejoras laborales y económicas, una pareja nueva con quien disfruta su afectividad, los desafíos de la adolescencia de sus hijos y encontrar una nueva pasión en un deporte pasan a ser los pasos siguientes en su proyecto de vida. Lo más importante en todo este proceso: no obturar el campo con reduccionismos y estar abierto a los focos autopoiéticos y sus líneas de fuga desterritorializantes, necesarias para las nuevas producciones existenciales.

En otro proceso terapéutico, más ligado a una intervención psicosocial institucional (que no deja de ser clínica), Fernando padece un cuadro psiquiátrico grave, hace un año que está internado. La causa: en un cuadro delirante asesina a su madre. Un año costó que se acercara a la institución un familiar, una de sus hermanas, dada la causa y dificultad de comprender la situación de su familia. Fernando, cuando comienzo a trabajar con él, no es consciente de lo que hizo. Desde el equipo técnico se me pidió que esa cuestión la mantuviera en reserva, salvo que él traiga el hecho manifestando la consciencia del mismo. Mi trabajo no es el típico de consultorio, mantengo encuentros con él en la sala, los pasillos, corredores, patios. A veces sentado, otras caminando. En ocasiones jugando a las cartas o al ajedrez. Voy ganando su confianza de a poco, me va contando retazos de su historia. Pero no es el eje el pasado en mis intervenciones, trato de ver como se imagina el hoy, su proyecto de vida, como va percibiéndose fuera del hospital. De pronto, en mi décimo encuentro con él, me cuenta con mucho llanto que recuerda lo que pasó, que su madre no está viva, y que él la mató. Esta conscientización generó todo un “click” en él, abriendo otra línea de posibilidades. Entre ellas la del perdón, sobre todo a su familia. De a poco se logra que su padre y las hermanas vengan a visitarlo, a tener encuentros con él, a tratar de entender todos esto tan loco y aterrador que sucedió, no sólo con Fernando sino con la familia entera. Y tras el entendimiento de lo comprensible (más allá de que sabemos que no es un entendimiento claro y preciso, pues siempre quedan líneas obscuras en la línea de las psicosis y aún más en delirios con homicidio), la apertura a otras líneas de fuga se dan en el campo. Primero, ir viendo cómo se va desplegando Fernando fuera del hospital, comienza a salir conmigo y otros co-terapeutas a diversos lugares: plazas, shoppings, recorridos por calles, incluso a la playa. Su siguiente paso es salir con sus familiares. Dado el éxito de estos sucesos se comienza a pensar con Fernando un proyecto formativo y laboral. A él le encanta todo lo que tiene que ver con repostería y cocinar. Su padre se hace cargo de él, lo lleva a trabajar en un negocio familiar y con lo que gana Fernando realiza cursos de repostería y cocina. La última vez que lo ví venía al consultorio de policlínica en el hospital, y estaba muy contento, trabajando en una panadería. Además había comenzado recientemente una relación amorosa. Anótese bien: jamás se trabajó con él ningún tipo de intervención apuntando a su vínculo con la figura materna a nivel inter o intra-subjetivo, ni ninguna cuestión edípica. Coincido con Félix que hubiera aportado más al daño que a la visualización de Fernando de las diferentes líneas de posibilidad que lo atravesaban y le ofrecían posibles desterritorializaciones hacia otros agenciamientos más productivos.

La problemática del Acontecimiento es fundamentada en las indagaciones y reflexiones de Deleuze sobre la filosofía estoica. “Pero de todos esos cuerpo a cuerpo surge una especie de valor incorporal que ya no consiste en cualidades, en acciones ni en pasiones, en causas que actúen unas sobre otras, sino en los resultados de esas acciones y esas pasiones, en los efectos que resultan de todo ese conjunto de causas, puros infinitivos de los que ni siquiera se puede decir que existan, puesto que participan más bien de un extra-ser que rodea todo lo que existe: “enrojecer”, “verdear”, “cortar”, “morir”, “amar”… Tal acontecimiento, tal verbo en infinitivo, es tanto el sentido (exprimè) de una proposición como el atributo de un estado de cosas. La importancia de los estoicos radica en que han sabido trazar una línea de separación, no entre lo sensible y lo inteligible, ni tampoco entre el alma y el cuerpo, sino justo por donde a nadie se le había ocurrido: entre la profundidad física y la superficie metafísica. Entre las cosas y los acontecimientos. Entre, por un lado, los estados de cosas o las mezclas, las causas, almas y cuerpos, acciones y pasiones, cualidades y sustancias, y, por otro, los acontecimientos o los Efectos incorporales impasibles, incalificables, infinitos, que resultan de esas mezclas, que se atribuyen a ese estado de cosas, que se expresan a través de proposiciones” (Deleuze, G; Panet, C; 2013, pág. 73). Por eso podemos pensar que es difícil ser consciente del acontecimiento, que éste se mantiene en un nivel de virtualidad, preparando el campo en esos cuerpo a cuerpo hasta su efectuación en lo real, donde ya deja de ser acontecimiento para pasar a ser algo más concreto, “cosa”. La clínica del acontecimiento apunta al aporte de esas mezclas con diferentes cuestiones, tratando de cartografiar por donde pueden venir los componentes que más actúan y pueden propiciar un futuro, un por-venir. Cartografías analíticas de la multiplicidad acontecimental, donde las máquinas y las fuerzas se juegan, se enfrentan, en el plano de inmanencia o de consistencia, en las síntesis de materias que se interpenetran, actúan y padecen unas con otras. 

Como bien señala Scavino: “Cada cuerpo, cada fracción mínima de la materia, tiene un poder, una intensidad determinada. Y vimos que este poder indeterminado sólo se determina cuando entra en relación con otro cuerpo, al cual, a su vez determina. Esta conexión es una determinación recíproca…” (Scavino, D; 1991, pág. 75). Cuerpos que sólo conocemos de ellos a través de lo que pueden, siguiendo la impronta deleuzo-spinoziana, que también nos aleja de un pensamiento de Esencias, del Ser o del Estado. “Un cuerpo no es más que una serie de puntos singulares, de conexiones con otros cuerpos en función de lo que puede en cada caso” (Scavino, D; 1991, pág. 75). Pensar el acontecimiento nos acerca a pensar en este inconsciente virtual, que transversaliza agenciamientos maquínicos, corporalidades intensas, molecularidades que preparan singularizaciones en la realidad, según los caminos de las líneas de fuga desterritorializantes. Y en el trabajo clínico, rol importante el del analista, que sabe que con cada intervención o interpretación, puede abrir un campo y cerrar otro, incluso conectar con pasiones alegres o tristes. Pero, todo puede ser posible en ese campo de encuentros, como refiere Guattari: “¡Nada es más improbable! ¡Pero tampoco nada está jugado de antemano!” (Guattari, F; 2000, pág. 40).

“Entre los dos, entre el estado de cosas físicas profundo y los acontecimientos metafísicos de superficie, hay una estricta complementariedad. Y ¿cómo un acontecimiento no iba a efectuarse en los cuerpos, si sus causas son un estado o una mezcla de cuerpos, si es producido por los cuerpos, los espíritus, las cualidades que se penetran aquí y ahora? Pero también, ¿cómo iba a agotarse el acontecimiento en su efectuación, si en tanto que efecto difiere en naturaleza de su causa, si él mismo actúa como una Quasi-causa que sobrevuela los cuerpos, que recorre y traza una superficie, objeto de una contraefectuación o de una verdad eterna? El acontecimiento siempre es producido por cuerpos que chocan entre sí, se cortan o se penetran, la carne y la espada; ahora bien, el efecto no es del orden de los cuerpos: batalla imposible, incorporal, impenetrable que vigila su cumplimiento y domina su efectuación. Uno siempre se ha preguntado: ¿dónde está la batalla? ¿Dónde está el acontecimiento?, ¿en qué consiste el acontecimiento? Mientras corre, todo el mundo se plantea esta cuestión: «¿dónde está la toma de la Bastilla?» Todo acontecimiento es una llovizna. Si los infinitivos “morir”, «amar», «moverse», “sonreir”, etc., son acontecimientos, es porque hay algo de ellos que su cumplimiento no logra realizar, un devenir que no cesa de alcanzarnos y a la vez de precedernos, como una tercera persona del infinitivo, una cuarta persona del singular”  (Deleuze, G; Parnet, C; 2013, págs. 74-75). Devenir de cuerpos encontrados en la clínica, incorporales verbales infinitivos, efectos en juego: sentir, amar, odiar, historizar, cambiar, pensar, imaginar, soñar, proyectar, etc.

“En eso consiste, sin duda, la moral estoica: no ser inferior al acontecimiento, convertirse en el hijo de sus propios acontecimientos ” (Deleuze, G; Parnet, C; 2013, pág. 75). Este es el “don de dios” al que refiere Félix, en algo muy material y alejado de divinidades obviamente. Querer el acontecimiento, querer el porvenir, aceptar lo que viene, el mundo como se presenta, ser digno del acontecimiento. Lo que en la clínica (y en cualquier ámbito en el que opere un esquizoanalista) significa desear la singularidad y trabajar para las singularizaciones. Repeler lo repetitivo y anti-productivo, ayudar a los procesos productivos del deseo, desde su vertiente autopoiética creacionista (siguiendo el Paradigma Estético que propone Guattari). “Amor fati, querer el acontecimiento, nunca ha sido resignarse, y mucho menos hacer el payaso o el histrión, sino extraer de nuestras acciones y pasiones esa fulguración de superficie, contraefectuar el acontecimiento, acompañar ese efecto sin cuerpo, esa parte que supera el cumplimiento: la parte inmaculada. Un amor a la vida que puede decir sí a la muerte. Ese es precisamente el camino estoico” (Deleuze, G; Parnet, C; 2013, pág. 75).

“Hacer de un acontecimiento, por pequeño que sea, la cosa más delicada del mundo, justo lo contrario de hacer un drama, o una historia. Amar a los que son así: cuando entran en una habitación, no son personas, caracteres o sujetos, son una variación atmosférica, una variación de color, una molécula imperceptible, una población discreta, una neblina o una llovizna. Verdaderamente todo ha cambiado. Los grandes acontecimientos no se hacen de otra manera: la batalla, la revolución, la vida, la muerte ... Las verdaderas Entidades son acontecimientos, no conceptos. Pensar en términos de acontecimiento no es fácil. Tanto más difícil cuanto que el mismo pensamiento se convierte entonces en acontecimiento. Pocos hay, salvo los estoicos y los ingleses, que hayan pensado así. ENTIDAD = ACONTECIMIENTO, da pánico, pero también mucha alegría. Convertirse en una entidad, en un infinitivo, como decía Lovecraft, en la terrible y luminosa historia de Carter: devenir-animal, devenir-molecular, devenir-imperceptible” (Deleuze, G; Parnet, C; 2013, pág. 76). Hacer de los encuentros clínicos justamente eso, sabiendo que no son “personas” las que allí se comunican y trabajan, sino multiplicidades, molecularidades, valores, ideas, intensidades, todo tipo de afecciones y objetos parciales virtuales, agenciamientos maquínicos transversales, diversas líneas de fuga. Como señala Deleuze: “no hay cosas, sólo hay acontecimientos, todo es un acontecimiento; un acontecimiento es el soporte de una infinidad de procesos, procesos de subjetivación, procesos de individuación, de racionalización, de todo lo que quieran. Van a nacer sujetos, van a dibujarse racionalidades, individualidades, pero todo en los acontecimientos” (Deleuze, G; 2006; pág.253).

A tal punto podemos pensar la problemática del acontecimiento en la clínica, que podemos alejarla de la dimensión de la historia como hace Deleuze. “El acontecimiento pone así en crisis la historia. Lo que ocurre, en tanto ocurre y rompe con el pasado, no pertenece a la historia y no podría ser explicado por ella” (Zourabichvili, F; 2011, pág. 29). Otra vez nos alejamos de las visiones dialécticas históricas y las psicoanalíticas, que todo intentan explicarlo desde la historia. Deleuze, en su arremetida contra el concepto de Representación, percibe en este movimiento una tendencia trascendente a explicarlo todo desde representaciones homogeneizantes. Como si todo estuviera allí, en la historia, o “metido” en ese inconsciente (también histórico), al cual solo hay que develar y hacer consciente. Acontecimiento y Singularización son dos conceptos que nos colocan desde otra perspectiva: productiva, constructivista, creativa. Apoyándonos en el Paradigma Estético guattariano, no es en la historia (en exclusiva) que se producen las producciones deseantes, sino en las disposiciones dadas en el encuentro de los cuerpos, en sus haecceidades, en la intensidades que provocan el movimiento complejo de multiplicidades moleculares, que van generando nuevos efectos (con nuevas formas de actuar y ver el territorio que se habita, de construirlo y cambiarlo, de devenires). Centrarnos exclusivamente en una visión histórica puede acompañar una visión culpógena y que fácilmente suele remitir a la trinidad edípica. Y sobre todo le quita lugar al caos, al azar, y a lo actual. “Pensar nace de un azar, pensar es siempre circunstancial, relativo a un acontecimiento que sobreviene en el pensamiento” (Zourabichvili, F; 2011, pág. 35).

De hecho, el acontecimiento para Deleuze se presenta en dos modos. Uno el que se efectúa “en un estado de cosas, o de su encarnación en una “mezcla de cuerpos”; pero también  en una eternidad paradójica donde algo de inefectuable, de incorporal, desborda y sobrevive a la efectuación” (Zourabichvili, F; 2011, pág 118). Esta segunda faceta es la que más le interesa a Deleuze, y la que más trabaja en varias de sus obras. El acontecimiento jamás se efectúa, cuando se actualiza, se presentifica, ya pasa a ser otra cosa, estado de cosas. El acontecimiento está en un tiempo sin duración, es puro cambio, “no cesa de advenir, es imposible que termine. Llegar, ocurrir, es lo que no cesa nunca, pese a su instantaneidad. En el acontecimiento, los diferentes momentos del tiempo no son sucesivos sino simultáneos” (Zourabichvili, F; 2011, pág. 119). El acontecimiento no se juega en el presente. Pensemos en el enamorarse, o en el dejar de amarse, son crisis temporales con efectos en los cuerpos, pero no se dan en el presente. Tiempo del Aión. Funciona en los devenires del pasado y del futuro instantáneamente.

A su vez Acontecimiento va de la mano con la Singularidad. La singularidad no es sinónimo de individual. “La singularidad corresponde a valores de relaciones diferenciales o a distribuciones de potenciales” (Zourabichvili, F; 2011, pág. 130). Es a la vez pre-individual e individualizante. Los individuos no son singulares pero se constituyen en la vecindad de singularidades dadas por los regímenes de afectación. “¿A qué  soy sensible? ¿Por qué cosa soy afectado? Sólo experimentando conozco mis propias singularidades” (Zourabichvili, F; 2011, pág. 131). Clínica de la singularidad, de una ética de los encuentros en un régimen de afectaciones no reglado. “Singular en matemáticas se distingue o se opone a regular. Lo singular es lo que se sale de la regla” (Deleuze, G; 2006, pág. 76). Vecindades-devenires dados en un encuentro “personológico” que sabemos que no es tal. Encuentro de multiplicidades. Poder clínico constituyente de subjetivaciones. Punto de inflexión. En este mismo sentido estamos de acuerdo con Raúl García: “También podemos pensar en el modelo de inconsciente que propone El Antiedipo: podría denominarse un inconciente a-psicológico, intentando más bien alcanzar la singularidad y no la subjetividad. La singularidad está más cerca de la individuación que del sujeto: una tormenta, un accidente, etc., son singularidades que no corresponden a ningún sujeto específico. Mil mesetas presenta para cada una de las planicies que la componen una fecha: acontecimiento o singularidad” (García, R; 1999, pág. 24).

Para Deleuze se puede “definir filosóficamente un acontecimiento como un conjunto de singularidades. Allí diría que la noción no es ya solamente de origen matemático, sino de origen físico. Un punto crítico en física –evaporación, cristalización, lo que quieran- se presenta como una singularidad” (Deleuze, G; 2006, pág. 200). Guattari, tanto en clínica  como arte, filosofía, política y demás (en fin, Esquizoanálisis podría decirse), trabaja la singularidad y la singularización en los procesos productivos del deseo, a contrapelo de la subjetividad mediática hegemónica, productora entre muchas cosas de padecimientos subjetivos (los síntomas, las afecciones que nos suelen llegar al consultorio). Para Félix “es posible desarrollar modos de subjetivación singulares, aquello que podríamos llamar “procesos de singularización”: una manera de rechazar todos esos modos de codificación preestablecidos, todos esos modos de manipulación y de control a distancia, rechazarlos para construir modos de sensibilidad, modos de relación con el otro, modos de producción, modos de creatividad que produzcan una subjetividad singular. Una singularización existencial que coincida con un deseo, con un gusto por vivir, con una voluntad de construir el mundo en el cual nos encontramos, con la instauración de dispositivos para cambiar los tipos de sociedad, los tipos de valores que no son nuestros” (Guattari, F; Rolnik, S; 2005, pág. 25).

En esta misma ética se plantea la Clínica del Acontecimiento de la argentina Adriana Zambrini que en parte tomamos. Contrapone esta autora una micropolítica del acontecimiento a una macropolítica del conflicto. La macropolítica del conflicto está muy relacionada con la visión psicoanalítica: “El conflicto es la complejidad construida sobre un por qué, desde los agenciamientos que promueven el sometimiento a una ilusión de verdad-falsedad” (Zambrini, A; 2000, pág. 133). En el plano de una micropolítica del acontecimiento se trata de “maquinar deseo y evitar el despotismo del conflicto, creando una nueva relación con uno mismo al actuar y pensar. Se abre una pregunta no sostenida en el por qué de una esencia primera, sino que cobra importancia el para qué de un mecanismo que impide la producción de acontecimientos, y nos fija en las escenas ficcionales” (Zambrini, A; 2000, pág. 133). Esta propuesta no apunta a la producción de acontecimientos, pero sí trata de destruir  todo aquello que lo impide, así como facilitar aquello que lo puede provocar. Es un planteo similar al ya mencionado de Félix Guattari. “Trabajar para el acontecimiento es recuperar las intensidades libres que no han quedado fijadas a la imagen de pensamiento imperante, para producir una transversalidad que libera al pensamiento” (Zambrini, A; 2000, pág. 134).

Macropolítica del conflicto que ubica a Adhemar entre pasiones tristes, en un país que no es el suyo, comunicándose vía internet con su familia y amigos. Descontento de sus amores que no son como los de su tierra, también de su trabajo que ya lo tiene harto de su rutina. Tras trabajar lo necesario de su historia, nos centramos en su capacidad de expresar su inventiva, de imaginar nuevos modos de vida, de proyectar un por-venir. Al tiempo logra desatarse del nudo conflictivo,  sale de su posición depresiva y comienza a pensar cómo salir de la traba en la que se encuentra. Primer movimiento: en el trabajo, busca forma de tener cambios en su trabajo y se pone a su vez en campaña para conseguir un nuevo y mejor empleo. A su vez deja la relación por “conveniencia” (sobre todo sexual) de la que se quejaba permanentemente y con razón, en la que generaba falsas expectativas pues ella estaba realmente enamorada y quería presentarle a su familia. Y encuentra una relación más placentera con otra muchacha más afín a su conveniencia afectiva. Recupera el movimiento vital, más allá de lo que va logrando o no, sale de las pasiones tristes al encuentro de afectaciones alegres. Clínica de sostén para destruir lo que no ayuda a la producción del acontecimiento, y sobre todo para facilitar aquello que lo puede provocar.

BIBILIOGRAFÍA:

-Deleuze, G. (2006). “El Leibniz de Deleuze. Exasperación de la Filosofía”. Ed. Cactus, Bs. As.
-Deleuze, G; Parnet, C. (2013). “Diálogos”. Ed. Pre-textos, Valencia.
-García, R. (1999). “La Anarquía Coronada. La Filosofía de Gilles Deleuze”. Ed. Colihue, Bs. As.
-Guattari, F. (1996) “Caósmosis”. Ed. Manantial, Bs. As.
-Guattari, F. (2000) “Cartografías Esquizoanalíticas”. Ed. Bordes Manantial, Bs. As.
-Guattari, F. (2015) “¿Qué es la Ecosofía?”. Ed. Cactus, Bs. As.
-Guattari, F; Rolnik, S. (2005). “Micropolítica. Cartografías del deseo”. Ed. Tinta Limón, Bs. As.
-Lichtenberg, B. (2012). Da transferencia ao paradigma estético: uma conversa com Félix Guattari. En: “Cadernos de Subjetividade 2012”. Núcleo de Estudos e Pesquisas da Subjetividade. Sâo Paulo, ano 9, nº 14.
-Scavino, D. (1991). “Nomadología (Una lectura de Deleuze)”. Ed. Del Fresno, Bs. As.
-Zambrini, A. (2000). “El deseo nómade. Una clínica del acontecimiento, desde Nietzsche, Deleuze, Guattari…” Ed. Lugar, Bs. As.
-Zourabichvili, F. (2011). Deleuze. Una filosofía del acontecimiento”. Ed. Amorrortu, Bs. As.

2 comentarios:

  1. Muy lindo escrito, Alfredo!. Lo veo como parte de un libro tuyo. Me gustaron especialmente los ejemplos clínicos (además de lo conceptual, por supuesto). Te mando un abrazo!.

    ResponderEliminar
  2. Aunque no soy sicologo y tendré que leerlo varias veces para lograr apropiarme del mensaje que envías, me pareció muy interesante el sentido y alcance que adquiere el acontecimiento en las emociones y pensamientos de los individuos y en los colectivos

    ResponderEliminar