¿CÓMO GENERAR UNA CLÍNICA ESQUIZOANALÍTICA ANTI-FASCISTA?
LIC. PS. ALFREDO PERDOMO
Como clínico, me hago hoy esta pregunta. Es algo que puede parecer obvio, más tratándose del esquizoanálisis, ya de por sí una propuesta ética para una vida no fascista, al decir de Foucault en su famoso prefacio a la versión norteamericana de El Anti Edipo. Pero no debería ser tan obvio, ya que la Psicología como disciplina está plagada de fascismos, a nivel macro y micro.
El esquizoanálisis desde el punto de vista de una clínica psicológica (que sabemos que no es la única mirada posible para esta fermental propuesta trans e inclusive anti disciplinaria), puede nutrirse de las más variadas parcialidades de teorías y técnicas "psi" (entre otras cuestiones). De ahí que es necesario hacer el cuestionamiento del fascismo introducido en las diversas miradas psicológicas. Por fascismo aquí entiendo cualquier acto de anulación de la singularidad del otro, de prepotencia hacia el otro, de abuso. Violencias que desde miradas micro-fascistas pueden ser muy sutiles, puede que hasta ni nos demos cuenta. Como del fascismo que nos introduce Pier Paolo Pasolini en El fascismo de los antifascistas donde identifica cómo el capitalismo, la sociedad de consumo, es fascismo aplicado a las subjetividades, a la sociedad. No nos damos cuenta generalmente, no somos conscientes de ello, pero casi todos nuestros actos de supervivencia están diagramados para ser piezas de la maquinaria de esta sociedad de consumo. Los propios neoliberales en sus teorías y discusiones al respecto de la diagramación social en función de los intereses de las clases dominantes lo tienen muy claro, el interés principal lo tienen en generar una subjetividad consumista y aportadora a la maquinaria capitalista. Lo demás no les importa, y molesta, como les molesta muchas funciones del estado. Pero ese es tema para otro análisis, aunque no está del todo fuera de esta problemática.
Dentro de este mismo diagrama estatal y capitalístico violento, se plantean las psicologías también. Ya el hecho de que muchas de ellas se planteen como una psicología individual, o que su objetivo es entender el comportamiento individual, es un contrasentido. Deleuze y Guattari dan en el clavo cuando plantean en Mil Mesetas que el mínimo formato de análisis de la subjetividad no puede ser el comportamiento individual o la conducta, sino el agenciamiento. Como plantea Carlos Marx, no existen Robinson Crusoe, no hay individuos aislados, las personas siempre están en relación, en vínculos, en sociedad. Es imposible pensar una psicología individual sin una psicología social, como ya vislumbró Freud en Psicología de las masas y análisis del yo, más allá de que al propio Psicoanálisis históricamente le costó teorizarse más allá del ámbito familiarista e individualista.
Justamente las trampas estructurales de muchas psicologías, como el Complejo Edípico, las rotulaciones cognitivas mentales, los enfoques familiaristas sistémicos, entre otros, distorsionan desde esta perspectiva la realidad con que nos enfrentamos. El concepto de agenciamiento como campo compuesto de maquinaciones, simbolismos, afectaciones y fuerzas del campo social-histórico y de la ecología medio-ambiental es mucho más enriquecedor en tal sentido. En otras palabras: la ecosofía de Guattari (articulación entre tres ecologías, subjetiva, social y medioambiental). La diseminación en las subjetividades de todos estos aspectos hacen a la cosa que trabajemos, sea donde sea: con personas, familias, grupos, instituciones, comunidades, etc. Cualquier enfoque que anule o no tome en cuenta esta visión global de los agenciamientos y su maquinación permanente y singularizante, cae en una visión reductora de la psicología y, por lo tanto, desde mi punto de vista fascista. Porque anular estos aspectos es anular al otro con todo lo que le constituye y produce. Su cultura, lo que produce, lo que reprime, sus puntos de resistencia, sus líneas de escape.

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