sábado, 29 de marzo de 2014

GRUPO DE ESTUDIO E INVESTIGACIÓN EN CLÍNICA ESQUIZOANALÍTICA

Grupo de Estudio e Investigación en Clínica Esquizoanalítica.

Una deriva de trabajo con materiales clínicos, intervenciones y prácticas diversas, aportados por el coordinador y también por los participantes, trabajándolos en función de los conceptos de la clínica fundada por Félix Guattari y Gilles Deleuze, multiplicada por sus "catalizadores". Se trabajarán textos de Guattari, Deleuze, Baremblitt, Rolnik, Kesselmann, Saidón, Lans y Zambrini, entre otros. Se estimulará la producción singular teórico-clínica, buscando cada uno sus mútltiples modos de devenir clínico. La idea es que los integrantes puedan producir trabajos conceptuales en función de líneas de investigación de interés personal.

Segundos y Cuartos viernes de cada mes, 20.30 hs.

Dirección: Magallanes 1484 bis apto 204 entre Colonia y Mercedes.


Informes e inscripciones por Tels: 2509 0667, 099 375 258. Mail: psicoper@hotmail.com


GRUPO DE ESTUDIO SOBRE FÉLIX GUATTARI

“FÉLIX GUATTARI Y SUS LÍNEAS DE FUGA. ESTUDIO DE UN ESQUIZOANALISTA”

GRUPO DE ESTUDIO SOBRE LA OBRA DE FÉLIX GUATTARI, Y SUS IMPLICACIONES Y HERRAMIENTAS EN Y PARA DIVERSOS CAMPOS: CLÍNICA PSICOLÓGICA, LO SOCIAL, LA FILOSOFÍA, EL ARTE, LA POLÍTICA, ETC.

Se propone estudiar en profundidad la obra de Félix Guattari, tan potente para la clínica, el arte, el pensamiento, la política y las prácticas sociales. Famoso por su obra a dúo con el filósofo Deleuze, ha desplegado una prolífica serie de libros y artículos, algunos de ellos con otros autores (como Bifo Berardi o Toni Negri), muchos de los cuales se están traduciendo y publicando al español recientemente. Se priorizará en el dispositivo la obra en solitario de Félix, así como recientes estudios aparecidos sobre su producción.

COORDINACIÓN: Lic. Alfredo Perdomo (Psicólogo y Esquizoanalista).

DIRIGIDO A TODO PÚBLICO, MUY RECOMENDADO PARA ESTUDIANTES Y PROFESIONALES DE PSICOLOGÍA, CIENCIAS DE LA SALUD, FILOSOFÍA, ARTE Y CIENCIAS HUMANAS Y SOCIALES EN GRAL.

Algunas perspectivas a desplegar en forma diagramática:

-De la transferencia psicoanalítica al agenciamiento maquínico.
-Grupo sujeto y grupo objeto.
-La transversalidad
-La perspectiva ecosófica
-Caos, cosmos y caosmosis
-La revolución molecular y el capitalismo mundial integrado
-La ética micropolítica.
-Cartografías esquizoanalíticas
-La servidumbre maquínica
-De la moral al uso de los valores
-La clínica cartográfica
-Rizoma y multiplicidad
-Modos esquizoanalíticos de ver los sueños, el delirio, los síntomas y otros fenómenos subjetivos.
-El deseo para el esquizoanálisis.
-Cuerpo e implicación.
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Bibliografía diagramática y flexible (o sea, en función de la pertinencia se pueden agregar textos):

-Gabriela Berti: Félix Guattari, los ecos del pensar entre la filosofía, el arte y la clínica (autores varios)

-Franco Berardi : "Félix" (Narración del encuentro con el pensamiento de Guattari, Cartografía visionaria del tiempo que viene).

-Cadernos de Subjetividade (varios números con aportes de Guattari, Rolnik y otros).

-Baremblitt: Introduçâo à Esquizoanálise.

-Berardi, Bertetto  y Guattari: "Deseo y revolución"

-Guattari y Negri: Las verdades nómades.

-Libros de Guattari: Psicoanálisis y transversalidad; El inconsciente maquínico; Las tres ecologías, Máquina Kafka, Cartografías esquizoanalíticas, Caósmosis, Líneas de fuga (por otro mundo de posibles), El devenir de la subjetividad, Micropolítica (con Suely Rolnik), Cartografías del deseo, Plan sobre el planeta (Capitalismo mundial integrado y revoluciones moleculares), Sesenta y cinco sueños de Franz Kafka, De Leros a La Borde (Prácticas analíticas y prácticas sociales).

PRIMEROS Y TERCEROS VIERNES DE CADA MES, DE 20.30 A 22 HS.
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EN: MAGALLANES 1484 BIS APTO 204, ENTRE COLONIA Y MERCEDES.


Inscripciones: psicoper@hotmail.com, 2509 0667, 099 375 258


ATENCIÓN CLÍNICA, SERVICIOS E INTERVENCIONES ESQUIZOANALÍTICAS

LICENCIADO EN PSICOLOGÍA ALFREDO PERDOMO



 EGRESADO DE LA UNIVERSIDAD DE LA REPÚBLICA


 ESQUIZOANALISTA


 FORMADO EN CENTRO FÉLIX GUATTARI DE MONTEVIDEO (ACTUALMENTE DOCENTE DEL MISMO)

 TELS. 2509 0667, 099 375 258.

 Mail: psicoper@hotmail.com

 MONTEVIDEO - URUGUAY


 CONSULTORIO EN ZONA CENTRO


 SE ATIENDE TAMBIÉN VÍA INTERNET

 SE REALIZA ATENCIÓN PSICOLÓGICA,  COVISIONES CLÍNICAS, ORIENTACIÓN Y ASESORAMIENTO EN INTERVENCIONES PSICOSOCIALES, GRUPALES, INSTITUCIONALES Y COMUNITARIAS.


lunes, 6 de enero de 2014

INQUIETUDES ESQUIZOANALÍTICAS EN UNA SALA DE SEGURIDAD





Tìtulo: Inquietudes esquizoanalíticas en una sala de seguridad.
Autor: Lic. en Psicología Alfredo Perdomo






Eje Temático: De la institucionalización de la locura a la “locura” de amar y transformar.
Área teórico-práctica: Esquizoanálisis.

Presentado en alguno de los Congresos Internacionales de Salud Mental y Derechos Humanos en Argentina, 2006 - 2007?





Objetivos: La realización de un despliegue crítico de algunas de las principales condiciones de la sala de seguridad 11 del Hospital Psiquiátrico Vilardebó. Presentar el devenir de un año de trabajo en dicha sala como psicólogo. Generar una crítica al modelo manicomial desde una perspectiva esquizoanalítica y desmanicomializadora.

Temática principal: Describe buena parte del quehacer psicológico desde una perspectiva esquizoanalítica en la sala de seguridad 11 del Hospital Vilardebó, en el lapso de un año de trabajo, señalando sus logros y dificultades, avances y retrocesos.

Conclusiones: Análisis crítico del dispositivo de sala 11, así como de los establecimientos de encierro Manicomio y Prisión, proponiendo una alternativa desde una óptica desmanicomializadora.









INQUIETUDES (1) ESQUIZOANALÍTICAS EN UNA SALA DE SEGURIDAD

Sala de seguridad de hombres número 11, horario de 18 a 22 horas. Hospital Psiquiátrico Vilardebó. Siniestro lugar de reclusión temporaria (días, meses, algunas veces años) de parte  de los deshechos humanos que rechaza (a la vez que los produce) el Capitalismo Mundial Integrado (ver 2 pág. 15,  y 3 pag. 183). Diversas formas y devenires de la subjetividad se hacen allí presentes, para padecer los intentos ortopédicos por “enderezar” sus conductas, por tornar a esta gente algo más “aceptable” para las necesidades  formales que el sistema exige para la “bendita” libertad que la mayoría gozamos. Interesante espacio de enclave de diversos poderes-saberes del Estado, donde el Poder Judicial y la Psiquiatría son, sin dudas, los más determinantes. Ambos colaboran efectivamente desde el siglo XIX con el control social (ver 4, Clase del 15 de enero de 1975). Herramientas de la vigilancia y el castigo, además de portadoras de Saber, Quehaceres, Poder y otras yerbas. Estas instituciones se encargan de disponer de estos cuerpos perturbadores y rebeldes a las “buenas costumbres” y a la “moral doméstica” que nuestra Republicana y “Democrática” Patria Capitalista “Racional” (¿?) exige. En algunas ocasiones el diagnóstico o veredicto los deposita en la cárcel, en otras en el Manicomio, y a veces deambulan entre uno y otro establecimiento de encierro hasta que el castigo culmina (y en muchas ocasiones con el tiempo todo vuelve a repetirse).

Yo trabajo en este siniestro, ominoso lugar. Y me refiero a ominoso no exclusivamente desde un punto de vista peyorativo, sino también en el que Freud emplea cuando dice: “lo ominoso es aquella variedad de lo terrorífico que se remonta a lo consabido de antiguo, a lo familiar desde hace largo tiempo” (5, pág. 220“). Freud se pregunta tras esta frase: “¿Cómo es posible que lo familiar devenga ominoso, terrorífico, y en qué condiciones ocurre?” (ídem anterior). Está claro que “lo loco” y “lo delictivo” son cualidades sumamente familiares a todas las subjetividades, no hay historia subjetiva que no se componga en algún punto con momentos de irracionalidad o de transgresión. Pero, a su vez, dichas cualidades subjetivas son rechazadas, expulsadas, reprimidas generalmente por nuestras cabezas neuróticas adaptativas. Claro, siempre y cuando tengamos y/o hayamos tenido un suficiente holding afectivo, pensante y “material” (aludo por material a: comida, abrigo, confort, etc.) en nuestra historia vital, sobre todo en nuestra infancia y adolescencia. En este lugar del que hablo y en el que trabajo está, precisamente, parte de esa humanidad en la que fallaron, en gran medida, las tres sustancias antedichas en esa continentación imprescindible para el saludable desarrollo integral de las personas (dependiendo de las situaciones, con mayor hincapié a veces en uno u otro/s de los tres puntos).

¿Qué hace ahí, en ese lugar, un psicólogo que intenta sostener un quehacer que denomina esquizoanalítico? La Sala 11 parece una cárcel en su estructura física, aunque en la misma no hay policías. La división espacial cuerpo de funcionarios-cuerpo de pacientes es notoria, y no hay otro lugar del Hospital Vilardebó que se asemeje en ese sentido (ni siquiera la sala de seguridad de mujeres). Una gran pared con rejas y ventanas sostiene esta división. Sus ventanas suelen abrirse mucho más que la puerta, para el pasaje de medicación, termos de agua caliente y algunas pequeñas cosas más. Por suerte, dentro de esas “pequeñas cosas más” hay de vez en cuando palabras, pensamiento, afectos, diálogos, etc, de todos los sabores imaginables. Las otras divisiones importantes existentes son: un cielo alambrado (con algunas pequeñas averías remendadas) que los separan-comunican con las salas de arriba (en ocasiones lugar de pasaje de tabaco, ropa y algunas cosillas ilegales que dos por tres se descubren); y otra pared también separante-comunicante a la vez con la Sala de Seguridad atenuada (la 10, donde también laburo). Con la 10 la comunicación está dada por unas ventanitas que no se han cerrado porque dejarían a los pacientes de dicha sala sin ventilación, y allí también ocurren todo tipo de intercambios y transas. En la 10 los pacientes tienen un poco más de libertades y pueden gozar de poseer algunos objetos que son prohibidos en la 11. Uno de esos intercambios entre la 10 y la 11 fue un ingrediente importante para el surgimiento de un amotinamiento de casi la mitad de los paciente, el único que hasta ahora me tocó vivir, en febrero de este año, y que gracias a la intervención comprensiva y abierta al diálogo de varios técnicos y funcionarios (entre los que me incluyo) no culminó con una represión policial.

Bien, ya estoy hablando de mi quehacer allí. Escuchar, comprender, dialogar, buscar soportes para el sostén del malestar subjetivo, intentar lograr niveles de producción de subjetivación en el encuentro con el otro. Tomo el “esquizoema” Producción de Subjetivación como lo piensa Baremblitt, es decir aquellos procesos “en los que prevalece la producción de producción” (6, págs 202 y 215). Dice el mismo autor en otro libro: “Lo que sí hay, por contraposición al proceso de producción de subjetividad uniforme, sujetada y sometida, son infinitos y heterogéneos procesos de producción de subjetivación libre, productiva, deseante, revolucionaria” (3,pág. 177). Como se podrán imaginar es una difícil tarea, mas no imposible. 

No escapamos  a los aportes para la tarea clasificatoria psicopatológica, realizando la instrumentación de los psicodiagnósticos y sus correspondientes informes. No dejamos de colaborar en los procesos de subjetividad, buscando con las herramientas “psi” a nuestro alcance modalidades adaptativas al medio, procurando  la catectización de valores e intereses afines a las modalidades subjetivas predominantes. Esto es: que en lo posible trabajen o desarrollen alguna actividad que potencie sus capacidades productivas para el trabajo, que desplieguen su sexualidad y afectividad , que aumenten su capacidad vincular, que prosigan con el tratamiento psiquiátrico, que concurran a grupos de autoayuda (en el caso de alcoholismo y adicciones), que no consuman alcohol o drogas en forma dañina, que vayan a un psicólogo, etc. Esta producción de reproducción subjetiva tiene también como finalidad lograr un estrato psíquico que habilite a otras dimensiones donde poder soportar  la subjetivación.

Vale la pena señalar que ya el hecho de producir espacios de escucha, de reflexión , de sentir-se, pensar-se, genera líneas de fuga subjetivantes, promotoras de focos de autopoiesis. Tomo el término autopoiesis en el sentido que le da Félix Guattari: “es la idea de que los sistemas, no solamente ponen en acción sus propios elementos, sino que también autoalimentan su estructura; hacen una autoproducción existencial, que crea, no solamente sus estructuras internas, sino también en referencia con el mundo, la relación con la alteridad, sus procesos de compromiso en las distintas vías de construcción del mundo”(2, pág. 53). Intentamos ayudar en la producción de subjetivación trabajando la historia, desplegando sentimientos, vivencias, sorprendiéndonos con producción de pensamiento e ideas, cartografiando trazos de vida y novedades en palabras, escrituras, dibujos, imaginaciones y otras tecnologías “psi”. Dándole lugar a la expresión del malestar del encierro, y al que proviene de sus condiciones culturales y económicas (entre tantas otras dimensiones). Autopoiesis que sustente un modo existencial más constructivo, crítico y alegre. Ayudar a dar lugar a otras formas de expresiones del dolor y el odio, procurando desarticular los resentimientos, estimulando el sentido del amor por la alegría de vivir. Delicado equilibrio entre la adaptación y la transformación, lo liso y lo estriado, lo nómade y lo sedentario.

En el devenir de nuestro trabajo nos hemos encontrado con muchas dificultades. Al principio las ganas y posiblemente mucho de negación nos hizo hacer oídos sordos a las advertencias de los enfermeros y guardias y nos insertábamos en el patio y en las salas con los pacientes, inventando (en ocasiones con ellos) distintos dispositivos grupales: grupos de escucha, asambleas, juegos, pinturas, murga, canto, vóleyball, fútbol, truco, artesanías, etc. Una bella y rica eclosión de despliegues múltiples subjetivadores, una muestra de los elementos terapéuticos imprescindibles desde nuestra perspectiva en condiciones de internación (y seguramente en muchas otras condiciones), un grito vital en medio de tanta tristeza y resentimiento. Pero estas últimas lamentables afecciones nos fueron ganando. Vencidos por rumores de que nos iban a tomar de rehenes para una fuga, de que cuando llegan las fiestas se ponen peor porque quieren salir para estar con su familia y son capaces de cualquier cosa, etc., nuestro coordinador del servicio nos aconseja no entrar por un tiempo a la sala, atendiendo a los pacientes grupalmente a través de la reja. Luego aparecen peleas entre pacientes y un sentido clima hostil. A pesar de ello intento realizar una actividad grupal centrada en grupos de escucha, pero a las pocas semanas el clima se torna más denso y aparece un amotinamiento de varios pacientes. Este hecho, junto a algunas fugas y la persistencia de un clima hostil, nos hace retroceder por miedo, desistiendo de actividades grupales dentro de la Sala. Sí se dieron, en contadas ocasiones, momentos de partidos de fútbol donde se plegaron enfermeros y guardias. Lamentablemente el miedo ha ganado más terreno y estos partidos son realmente escasos. Hoy día nuestras actividades se limitan prácticamente al trabajo individual con pacientes en tareas psicodiagnósticas y psicoterapéuticas. De vez en cuando, sí hay algún momento de soporte grupal desde la ventan, sobre todo cuando se perciben ciertos malestares en la sala, procurando prevenir efectos aún más desagradables.

Seguramente en el arranque de nuestro trabajo actuamos –en parte- intentando paliar una falta. Y digo “actuamos”, incluyendo a la dirección del Hospital que nos indicó inicialmente realizar actividades grupales en la sala. Ante la carencia de actividades de algún tipo en la sala que no sean las médicas, las típicas de enfermería y las clásicas de vigilancia, quisimos cumplir en parte el rol de talleristas de música, pintura, actividades físicas, recreadores, etc. Cabe aclarar que no lo pensamos así, porque nunca dejamos de ser psicólogos en dichas actividades, donde las tareas eran un medio para producir subjetividad y sobre todo subjetivación. Pero es notoria la ausencia de espacios mínimos necesarios para mover esos cuerpos ociosos, tediosos, llenos de momentos vacíos, a la merced de actos espontáneos de sociabilidad, llenos de aburrimientos, con realmente poca cosa para hacer. Al  menos no faltan las radios y la televisión: lamentables únicos soportes terapéuticos fuera de las pastillas, las micronarcosis, el espacio psicológico, el mate, el cigarro y la comida. Con razón los pacientes se quejan de  no tener nada para hacer. Se los ve a muchos caminando en el reducido espacio de un lado para otro en monótonas recorridas. Hasta los que no hacen “la caída” no encuentran en la Sala un estímulo para quedarse y algunas veces procuran la fuga. Tal vez un acto de salud ante lo enfermo de esta circunstancia.

Momento de activar una crítica, nuevamente, desde el único lugar posible para la crítica (ver 7, pág. 70). Crítica que apunta al desarrollo de un sistema diferente de atención en Salud Mental, que logre desmantelar las grandes estructuras manicomiales, que focalice su atención en dispositivos más pequeños ubicados en los barrios con técnicos apropiados y múltiples actividades lúdicas, productivas y de capacitación para la vida laboral. También que instaure dispositivos estratégicos de trabajo psicosocial con las familias. Pequeños centros que estén en mayor contacto con la comunidad de la zona, sus vecinos y sus instituciones públicas y privadas, procurando en lo posible la mayor potenciación de las capacidades de ciudadanía de los denominados “pacientes psiquiátricos”. Me remito a lo ya expresado por varios autores de Europa y de este continente (ver 8 y 9). Ahora bien, cabe acotar que es más compleja la situación en lo referente a las situaciones de los pacientes judiciales, donde habría que pensar para aquellas personas que provienen de cárcel un dispositivo diferente (hasta que no obtengan la libertad) aunque similar en cuanto a que sea más pequeño, con técnicos adecuados y con un arsenal de dispositivos lúdicos, productivos y de capacitación apropiados. Y trabajando con ellos, sus familias y los niveles comunitarios a los que se pueda acceder. Obviamente, sí debería tener un nivel adecuado de medidas de seguridad. Por último, también propongo cambiar las grandes estructuras carcelarias por dispositivos más pequeños, donde se procure una mayor humanización de las relaciones vinculares de los presos y funcionarios. Soy un convencido de que las grandes instituciones de control en masa pierden niveles de humanización y buen trato, generando situaciones de gran malestar, mucha violencia y por tanto violaciones a los DDHH. 

Obviamente, no es sólo achicando la organización que se logran cambios, también cambiando la cabeza en una serie de procedimientos, en la formación del personal, y en la puesta en marcha de actividades con claros fines preventivos, promotores de salud y psicoterapéuticos a nivel general. Y, lógicamente, el logro de grandes cambios estructurales sociales a niveles económicos, laborales, educativos, culturales, etc., que posibiliten  un devenir social-histórico con ningún o al menos mínimos niveles de pobreza, desempleo y exclusión social, ayudarían mucho más al cambio en los sistemas de atención de las cualidades subjetivas “delictivas” y/o “locas”, y seguramente a la menor aparición de las mismas. Por ello, habrá que seguir luchando.




NOTAS Y REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

1)    “Inquietud”: Falta de quietud. 2 Agitación, alboroto. 3 Preocupaciones”, extraído de:  Diccionario Aristos. Ed. Sopena, Barcelona, 1988.
2)    Guattari, F. El devenir de la subjetividad. Ed. Dolmen, Santiago de Chjle, 1998.
3)    Baremblitt, G. Compendio de análisis institucional. Ed. Madres de Plaza de Mayo, Bs. As., 2005.
4)    Foucault, M. Los anormales. Ed. Fondo de Cultura Económica, Bs. As., 2000.
5)    Freud, S. Lo ominoso. En: Tomo 17 de Obras Completas de Sigmund Freud. Ed. Amorrortu
6)    Baremblitt, G. Psicoanálisis y Esquizoanálisis. Ed. Madres de Plaza de Mayo, Bs. As., 2004.
7)    Crítica: “modo de existencia del pensamiento, removedora de todo aquello que se consideraba inmóvil y eterno, capaz  de sacudir, de fragmentar lo que se creía unido y conforme a sí mismo. Y al mismo tiempo, práctica transformadora, acto propositivo y afirmador, capaz de inaugurar caminos inéditos y dimensiones impensadas”. Extraído de: Raggio, A. Por una ética de la intervención. En: Lans, A. (coord.). Comunidad: clínica y complejidad. Ed. Multiplicidades, Montevideo, 1999.
8)    Rodríguez, A. (coordinador). Rehabilitación psicosocial de personas con trastornos mentales crónicos. Ed. Pirámide, Madrid, 1997.
9)    Dibarboure, L. Sur, manicomio y ¿cuándo el después? La desmanicomializacíon del Hospital Borda. Entrevista con Armando Bauleo. En: Topía Revista (sitio web)
















ANDAMIAJES ESQUIZOANALÍTICOS.

ANDAMIAJES ESQUIZOANALÍTICOS.
Devenires grupales en el hospital Vilardebó


(Presentado en diversos congresos, entre ellos uno de los Internacionales de Salud Mental y DDHH organizado por Madres de Plaza de Mayo, tal vez por 2008-2009)

Resumen:
Consta de la presentación teórico-técnica de dos dispositivos de trabajo grupal e institucional, que se llevan a cabo en el Hospital Psiquiátrico Vilardebó (Montevideo-Uruguay), dependencia de ASSE (Administración de Servicios de Salud del Estado). Se tratan del Taller Grupal de Sala 10 (de pacientes judiciales) y del Taller de Periodismo (que funciona en la Sala 14 de Rehabilitación Psicosocial del Sector Hombres). La formulación teórico-técnica parte de noceptualidades de la obra de Deleuze y Guattari, Gregorio Barmeblitt, Alfonso Lans y Juan Carlos de Brasi (entre otros autores).

AUTOR: LIC. PSIC. ALFREDO FERNANDO PERDOMO MALDONADO

ÁREA TEÓRICO PRÁCTICA: ESQUIZOANÁLISIS.
EJE: Lo grupal: entre la invención de la multiplicidad y la reiteración de lo igual
OBJETIVOS: Lograr presentar dos dispositivos de trabajo grupal e institucional con pacientes internados
TEMÁTICA PRINCIPAL:  Abordar la problemática de la denominada Rehabilitación Psicosocial de los usuarios internados en un hospital psiquiátrico
CONCLUSIONES: Mostrar la utilidad de dispositivos grupales de “índole esquizoanalítica” en el trabajo psicosocial con esta población específica.






ANDAMIAJES ESQUIZOANALÍTICOS
Devenires grupales psicosociales en el Hospital Vilardebó

Siempre he tenido una preocupación por generar una Klínika grupal en mis prácticas psicológicas. Una Klínika diferente de la Clínica, como lo trabajan Baremblitt y Lans a partir de la obra de Deleuze y Guattari. Klínika que viene de Kliné, que significa desvío, Sentido histórico que se aleja del Clinos médico, que intenta pensar la cuestión desde otro lugar. Klínika de la Diferencia, de la Singularidad, de la Multiplicidad. Como señala Juan Carlos De Brasi, siempre hay Grupo – Multiplicidad en la Subjetividad.

Inicié mi praxis hospitalaria, como funcionario contratado (ya que tengo una historia de aprehendizajes anteriores como voluntario en el marco del Programa Puertas Abiertas, quien dirige mi hoy compañero de trabajo Lic. Psic Raúl Penino) en la Sala de Seguridad de Hombres, junto con la colega Mónica Rossi. Juntos intentamos abrir canales de expresión y comunicación subjetivantes que, por diferentes situaciones, quedaron truncos.

A pesar de eso se insistió y se pudo llevar a cabo la Klínika grupal en la Sala 10 de Seguridad, pero que cuenta con un poco más de libertades que en la 11. Con Mónica en principio durante más de dos años, y luego a solas, con la ocasional compañía de algún/a estimado/a Aux. de Enfermería (de esos/as imprescindibles, con el suficiente tacto humano para cumplir una función adecuada en el ámbito de la Salud Mental) o algún estudiante de psicología voluntario. En estos 4 años he logrado con los usuarios desplegar una lógica de trabajo que, por suerte, no permanece igual. Va cambiando, tal vez mejorando, en función del devenir propio del Grupo. Y cuando digo grupo, no sólo hablo de los usuarios, también me incluyo ahí.

Trabajamos una vez por semana, entre 40 y 60 minutos aproximadamente. El devenir nos cambia constantemente. El Taller Grupal tiene cambios en los usuarios, en general no de forma radical, sino que paulatinamente, de a uno o a veces de a dos, y más o menos cada mes y medio o dos meses. Eso posibilita una base Grupal que no cambia tan drásticamente.

En el Taller Grupal la base es la escucha de todos y de todo, con el respeto hacia el otro, sobre todo hacia lo que el otro comunica. Aprendizaje del respeto y la expresión, base para la psico-socialización. El psicólogo oficia de coordinador, administrador de la expresión, y también de señalizador, guía y proporcionador de estímulos (funciones que también suelen ocupar los usuarios). En función del devenir histórico y acontecimental del grupo, de cómo en su devenir se mueve y vive la multiplicidad, se pueden desplegar diferentes tecnologías psico-sociales (o, al decir de Foucault: Tecnologías del yo).

En general se suele dar prioridad a la palabra, pero en ocasiones se puede hacer una lectura, o proponer un dibujo, un texto escrito, etc. Y en esto hay posibilidades infinitas de trabajo, que se seguirán desplegando.
Un efecto visible de este dispositivo (junto con toda la estructura de funcionamiento de la Sala, obviamente, no se puede despegar de la inmanencia del espacio que habitan) está en la cohesión grupal. No quiero decir con esto que se amen todos y estén de maravilla. No, no es el reino de la fantasía. Es un poli-verso tan humano como cualquier otro. Con la cohesión grupal me refiero a esa capacidad de ver en el otro un apoyo, alguien con quien contar, con  quien poder comunicar, con quien poder Habilitarme como Sujeto, con quien sentirme Sujeto. En las personas con Trastornos Mentales graves, una de las fallas principales está en el Yo, que es frágil, inestable.  Sentirse sujeto, sentir que Yo existo, pensar que Yo soy, es una vivencia imprescindible para poder hablar de Re-habilitación o de Efectos Psicoterapéuticos en el Sujeto con estas características. Y esa re-habilitación siempre se hace con otro. Nuestra Subjetividad en esencia es social, como ya señalaron Freud y Marx, entre tantos otros. El Contexto no es sólo eso, es Texto Psíquico, nos compone consciente e inconscientemente, en un proceso holístico psico-bio-social-histórico (y/o, al decir de Deleuze y Spinoza: corporal). La re-composición subjetiva es con otro siempre, otro real que también se internaliza imaginariamente. Base para nuevas capas identificatorias que refuerzen el Yo.

Así que hacer con el otro, producir, hablar, alegrarme, enojarme, disentir, consentir, perdonar, etc….  todos los procesos vinculares propios de los bichos humanos, todos los afectos, todas las afecciones son necesarias para esta re-composición subjetiva. Y el espacio del poner en palabras, de imaginarizar verbalmente también lo real, es fundamental para que ese Yo tenga avances, en la medida de lo posible. Y es central el respeto, nos hace también humanos, más humanos. Respeto por el otro, en su delirio o coherencia, en lo que sea. Respeto como valor ético y subjetivante.

Otro dispositivo del que quería comentarles algo, es uno que lleva más de dos años. Es un proyecto de Comunicación a nivel del Hospital y de Rehabilitación Psicosocial. Desde que la actual Directora Dra. Andrea Acosta propuso la idea de realizar un diario en el hospital, la idea impactó en mí de forma intensamente deseante. Es que desde la infancia soñé con ser periodista, identificado con el protagonista de la serial “V Invasión Extraterrestre” (si mal no recuerdo, su nombre era Mike Donovan), quien era un tipo audaz, muy jugado. Pero el sueño culminó y mi deseo derivó hacia la Psicología. Increíblemente, poco antes de recibirme, el azar me colocó durante unos cuatro meses como periodista de rock en el semanario Manos. Tres años después, trabajo como periodista de Espectáculos en Semanario Trato Hecho. En 2005, por necesidades económicas,  culmino esa odisea de 4 años.

Cuando en el grupo de Rehabilitación del Hospital (formado por profesionales y técnicos de distintas disciplinas) esta idea se propuso, nos agenciamos inmediatamente la colega Mónica Rossi y yo. Raudamente iniciamos un nuevo dispositivo grupal psicosocial: el taller de periodismo, en la sala 10. Ahí comenzamos a experimentar la potencialidad de la producción de materiales para un diario, como herramienta de rehabilitación psicosocial.

El principal problema en la psicosis puede decirse que está en la comunicación. La cuestión es poder salir de un mundo subjetivo cuasi autístico, mono-lógico, muchas veces  indescifrable. Comunicar implica reconocer que hay otro y que tengo algo para decirle. Y que he de encontrar la forma de hacerlo en forma entendible, para que me comprendan.  De eso se trata el sustrato básico deseante de este dispositivo grupal.

Ex – presión es comunicar y, justamente, sacar presión. Es habilitar a una mejor expresión, que el otro comprenda lo que digo. Tal vez así sea comprendido. En la actividad grupal los usuarios tienen que pasar por el proceso de poder escuchar y ser escuchado. Cada uno desde su potencia, con sus virtudes y defectos. Comprender que todos, desde su propio lugar subjetivo, desde lo aprehendido y vivido, pueden aportar. Sentirse capaz de preguntar, proponer, opinar, divertir, reflexionar, mostrar…. y todo aquello que implica la comunicación.

Las dos funciones básicas subjetivantes, estructuradoras del psiquismo, que Daniel Gil denomina función narcisizante (continentación, maternaje, comprensión, ternura, etc.) y función de corte (límites, organización, normas, etc) operan mediante las reglas básicas de funcionamiento direccionadas por el Psicólogo coordinador. Modalidad grupal subjetivante que aporta en el camino de un nuevo re-direccionamiento en la individuación. Necesario tras la desterriorializante y, en general, muy antiproductiva crisis. Camino hacia nuevas tierras subjetivas, nuevas producciones.

Y adviene en muchos de los usuarios el Deseo, que aparece en la forma de la curiosidad. ¿Y qué sucede en las salas de seguridad? ¿De qué manera funciona la huerta? ¿Qué pasa con la comida en el hospital? ¿Qué sucede en otras salas? ¿Cómo funciona el Centro Diurno?

Devenir de preguntas que habilitan la subjetivación del conocimiento. Conocimiento para sí mismo y los compañeros del taller, que no se guarda como un tesoro secreto, sino que se muestra. Momento de compartir con el otro el tierno pan recién horneado. Sentir que el producto circula, comunica, expresa. Que ahí hubo deseos, afectos, pasión, trabajo. Donde algunos aportaron un día, otros varios encuentros, algunos hasta hicieron entrevistas. Otros prefirieron escribir sin estar en el Taller, pero sí pudieron expresar sus ganas de comunicar.

De eso se trata la Re-habilitación en este espacio. Una nueva Habilitación para decir: acá hay deseos de mostrar, de comunicar, de decir que “Yo… también existo”.
El devenir histórico del Taller hasta la actualidad ha estado en estado de permanente experimentación. Comenzó a fines de 2007, coordinado junto con la colega Rossi, con exclusiva participación de los usuarios  de Sala 10. En 2008 se logró en buena parte del año una participación variada, con usuarios de Sala 10 y de las  “salas abiertas” del sector de Hombres. En 2009 se va de Sala 10 y comienza a funcionar en Sala 14, con usuarios de las salas antes mencionadas. Además cuenta con la participación de tres voluntarias estudiantes de Facultad de Psicología de Tercer año, y del colega Penino. El mayor número de coordinadores ha facilitado la expresión de diversas modalidades tallerísticas que han enriquecido las dinámicas y el proceso del Taller.

Este año hemos estado trabajando en el Taller la producción de materiales para un nuevo número. Pero, por otro lado, nos encontramos  con un montón de materiales producidos en el Taller y otros espacios en 2008, que aún esperan su publicación. Ahora, gracias al aporte de un Laboratorio, dado que el Hospital no pudo otorgar fondos, se puede contar con el dinero para la publicación del mismo. El proyecto, de mi parte sobre todo, se tornó más ambicioso. Me propuse  sacar el Diario en un formato adecuado; es decir y valga la redundancia: con el formato de un diario. Si bien debería llamarse a esta altura Anuario, ya que desde 2007 a la fecha hemos podido editar tres números (el 0, 1 y ahora el 2). Tenemos en mente, siempre y cuando se pueda contar con los recursos adecuados, sobre todo para la impresión, poder sacarlo entre tres y cuatro veces al año.

En cierto modo, este proyecto puede decir que se siente hermano de Radio Vilardevoz, con cuya gente tenemos grandes vecindades conceptuales y éticas (además de nuestras diferencias). Es una apuesta técnica y ética también hacia un camino Desmanicomializador posible.
Cabe agregar que este espacio, y me refiero sobre todo al Diario, no es exclusivo de los usuarios. Los funcionarios también aparecen, no sólo dando respuestas a preguntas, sino  también aportando bellos materiales escritos. Esperamos que el uso deseante y comunicante de los compañeros con los que laburamos no se detenga.


BIBILIOGRAFÍA: 

-Amarante, P. “Locos por la vida. La trayectoria de la reforma psiquiátrica en Brasil”. Ed. Madres de Plaza de Mayo.
-Baremblitt, G. “Compendio de análisis institucional”. Ed. Madres de Plaza de Mayo.
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-Rodríguez Nebot, J. “En la frontera”. Ed. Multiplicidades.

-Rodríguez Nebot, J.(coord.)  “Técnicas Psicoterapéuticas. Abordajes Polisémicos”. Ed. Psicolibros.

CLINICA Y ESQUIZOANALISIS.

CLINICA Y ESQUIZOANALISIS.



                                                           
“Escribir es un asunto de devenir, siempre inacabado, siempre en curso, y que desborda cualquier materia vivible o vivida”
Gilles Deleuze. (1 Pág. 11)










Tal como expresa Deleuze, el acto de escribir es mucho más que intentar describir lo vivido, a tal punto que ya ni siquiera es otra inscripción de lo ya vivido, pues es otra forma de vida. Y es de vida de lo que quiero hablar aquí. Esa vida que trascurre en ese espacio-tiempo artificial (más no por ello menos real) creado por la humanidad: la clínica. Y, como Michel Foucault nos ha enseñado, la clínica tiene su origen sociohistórico en las prácticas y discursos médicos. “La medicina se inventó un artefacto –dispositivo- de transmisión de sus saberes, para la capitalización de este saber y el desarrollo de su poder, sobre la sociedad civil” (2  pág. 183). Es en función de este dispositivo que se originan las prácticas  de la Psiquiatría y más adelante de la Psicología. Y en nuestra ciencia se han creado múltiples modelos a seguir. Pero: ¿estos modelos se deben repetir? Joaquín Rodríguez Nebot plantea que: “la clínica es en tanto y en cuanto se investiga, en la propia acción del proceso, sin la investigación no hay clínica posible, solamente es reproducción, estereotipia, y por lo tanto es discurso y acción de poder” (2 pág. 191). Y es que esta acción técnica y discursiva, que sólo presta oídos a lo que la teoría quiere escuchar, es sólo una repetición a-crítica de un molde que recorta la multiplicidad de la realidad en la que estamos insertos. No se puede pensar prácticas en el plano de las Epistemologías del Ser, de lo estático, de las Ciencias del Estado, con su tradición racionalista especializada en medir espacios primero, para luego ocuparlos. La Filosofía de Estado pone hincapié en el orden, en lo racional, en lo absoluto. Este modo de pensar, esta tecnología, hace que la diversidad, la multiplicidad, el movimiento, queden diluidos, reducidos a una sola racionalidad. ¡Y si habrán racionalidades a seguir en nuestra ciencia plagada de doctrinas y de instituciones que llevan adelante la política de legitimación de las mismas!

Lógica de la identificación, de la individualización: “yo soy guestáltico, yo soy kleiniano, etc”. Lógica del reconocimiento, de la diferencia, pero de una diferencia que hace a lo homogéneo, pues es un identificarse con otros que son iguales. Craso error el de decir: “yo soy”. En realidad no se trata de Ser. Trampa de nuestro sistema de lenguaje, cristalizador del movimiento vital. En realidad se trata de estar siendo, de devenir. Devengo lacaniano, conductista o psicodramatista, al igual que devengo padre, mujer o policía. Lógica de territorios, trazados por múltiples recorridos. “Porque me-pertenezco, me-reconozco en un transcurrir témporo-espacial y en cada tramo me reconozco siendo yo-mismo” (3 pág. 126). ¿Por qué aferrarse, por qué trazar estos límites imaginarios de la existencia, al decir de De Brasi? Miedo a lo diverso, a lo múltiple, a caer en el “horror” del caos. Entonces: es mejor estriar, sedentarizar, anclarse en un lugar. Falsa ilusión  de la identidad y la pertenencia.

No es en esta línea imaginaria de pensamiento en la que me ubico. Me posiciono en Epistemologías que privilegian el devenir y lo fluido. Su pensamiento es nómade, le interesa el movimiento, por ende se mueve en función de vecindades, es decir en función de los medios con que contacta cambia de naturaleza y produce problemas. En esta dimensión se trata de construir conceptos, de valor local (no universal), útiles a un campo de análisis y de problemas específicos. El punto de vista nómade extrae del medio lo que sirve para pensar, ocupa el espacio y luego lo “mide”. Produce teorías locales para pensar el medio, construyendo los instrumentos para operar ahí. Comprende al caos no como desorden, sino como la confluencia de diversas lógicas, cada una con un orden específico. Nada más lejos de la anarquía. En definitiva, es un problema de miradas.

Las teorías y técnicas “psi” han sido históricamente diseñadas en función de problemas específicos. Por ende, no se trata de un asunto de fidelidad (decir: “soy freudiano o rogeriano, etc”... nos lleva a pensar como “el ano”, al decir de De Brasi), sino de multiplicidad. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de multiplicidad? Es, para Deleuze y Guattari (4) lo múltiple tratado como sustantivo. No es decir que el individuo, el grupo o la institución es múltiple. Sino que en primer lugar está lo múltiple, en eso que hemos construido sociohistóricamente como unidad. No es que, por ejemplo: el Hospital Vilardebó está compuesto por determinadas leyes, normas por las que se rigen determinadas personas, en donde hay una función social de atención psiquiátrica, etc.. Así lo que hacemos es santificar la unidad, el Hospital. En sí, ocurre que históricamente las formaciones sociales han rechazado todo aquello que escapaba de sus racionalidades, y han inventado determinados espacios donde recluir e intentar adaptar a los que diferían de las normas sociales, etc... Esto es rescatar la multiplicidad, colocarla en primer lugar. El individuo, el grupo, la institución, etc... son entidades abstractas, construidas o “inventadas” (al decir de Nietszche)  con determinados fines y propósitos. En nuestro devenir sociohistórico capitalista, los fines son la cuantificación, el medir para controlar, individualizar. Construcción de límites imaginarios, dualismos del adentro-afuera. En el mundo “psi” muchas veces nos “tragamos” estas “naturalidades”. Entonces decimos: “yo trabajo con mi paciente, en mi consultorio”, y hasta nos negamos trabajar con otras personas con las que “nuestro paciente” se vincula en su vida cotidiana. 

Naturalizamos el individuo y limitamos nuestro accionar por nuestro deseo de trabajar exclusivamente con él. Pero ese individuo no vive sólo, aislado, también sufre y padece con otros. Y esos otros no sólo remiten a una novela familiar, a lo edípico. También está el campo cultural, institucional, social, en donde la persona produce y es producida.

Producción de Subjetividad entendida como aquello relacionado con lo subjetivo, pero que no prioriza al sujeto (o grupo o institución, etc..) sino a la Multiplicidad. Entonces, el  movimiento implica no quedar atrapado en la noción de individuo (o persona o sujeto). Desde el esquizoanálisis, priorizar lo múltiple implica reconocer que en primer lugar estamos ante una situación problemática. Y esa situación problemática desborda a esa persona; y por ende puede demandar el trabajo con otros. E incluso fuera del espacio santificado del consultorio, en la calle, en una plaza, en su casa, etc...  Todo en función de una estrategia de trabajo que procura lograr determinados efectos en esa subjetividad. Allí, diferentes nociones y técnicas psi pueden utilizarse, pero como herramientas y no como saberes trascendentes a respetar y repetir. Del mismo modo, también podemos construir múltiples modos de intervención. Un método de la multiplicidad da cuenta de lo heterogéneo, descentra y conecta diversos eslabones semióticos, organizaciones de poder, políticos, científicos, artísticos, etc...

“Me peleé con mi marido.  Él me engañó. La culpa la tuve yo. Yo tengo que cambiar”, dice una subjetividad sufriente. Para esta señora el trabajo clínico implica trabajar con ella para aceptar la situación tal cual es para que no sufra. Mas eso es imposible. En un trabajo de movimiento, analizando su Edipo, su historia y la moral implantada, llega a la conclusión de querer cambiar su situación familiar. Esto implica un trabajo familiar, ya que no sólo apareció el marido sino su hijo con múltiples síntomas. Trabajo familiar que implica un trabajo en redes a posteriori. Trabajo con la maestra del niño, con la cuñada con la que convivían, pieza fundamental del funcionamiento maquínico familiar.

Trabajo de alisamiento-estriamiento. Ante lo amorfo e informal de la situación que se nos presenta, es decir lo liso, primero intentar comprender las líneas múltiples que la producen. Allí vienen a nuestra mano las diferentes teorías que dan luz sobre lo liso: trabajo de estriamiento. Estriar implica homogeneizar, sedentarizar, fijar, medir, dar forma. Estrategia local de intervención. Estriar, dar forma a eso múltiple para poder operar, hasta la producción de una línea de fuga que nos conecta con otras realidades que tenemos que dar cuenta pues también producen esta situación. Nuevo trabajo de alisamiento, que requiere posteriores estrategias. No se puede ser exclusivamente nómada o sedentario, liso o estriado. Mas bien devenimos en nuestro trabajo, en momentos alisamos, en otros estriamos. Sin estriar en nuestro trabajo psicológico, corremos el riesgo de no comprender nada y de ser inoperantes. Sin alisar el riesgo es la estereotipia, la rigidez en nuestro trabajo.

Dicen Deleuze y Guattari que una de las principales tareas del Esquizoanálisis  es: “descubrir en un sujeto la naturaleza, la formación o el funcionamiento de sus máquinas deseantes, independientemente de cualquier interpretación” (5 pág.332).

Esto es, sus multiples conexiones y constituciones, su complejidad. Lo que lo hace funcionar como tal, como máquina. Realidades siempre parciales, moleculares, no totales, molares  o absolutas. La realidad para el esquizoanálisis es siempre parcial (los totalizadores paranoicos hemos sido los humanos). De lo que se trata es de desmontar máquinas, de analizar sus flujos y los cortes de los mismos, las conexiones de sus partes. Acto de deconstrucción con la finalidad de construir un nuevo acto singular. Otra producción de subjetividad, menos alienante, más llena de vida.

El esquizoanálisis entonces enriquece, amplia y potencia la práctica psicológica en cualquier ámbito de desempeño profesional. No se trata de un dogma, sino de “una ético- política en el campo de la producción de subjetividad” (6 pág.25)., como afirma Guattari en 1991. “En el inconsciente no hay más que poblaciones, grupos y máquinas” (5 pág. 293). Otra noción de inconsciente es la que surge, más de la que surge del Psicoanálisis, es decir: el inconsciente reprimido, representativo. El inconsciente ezquizoanalítico produce, se expresa, crea. Y no habla de una novela familiar exclusivamente, también nos habla de lo sociohistórico, del entramado vincular de la subjetividad. El deseo no está entramado en el Edipo, sino en las multiples conexiones subjetivas maquínicas deseantes. “El deseo es máquina, síntesis de máquinas, disposición maquínica máquinas deseantes. El deseo pertenece al orden de la producción, toda producción es a la vez deseante y social” (5 pág. 306). Los procesos económicos, políticos, sociales, no están desligados de la sexualidad. Ahí ponemos también nuestra líbido, y esos procesos también nos producen. 

Por eso afirman Deleuze u Guattari que lo primero que catectiza la subjetividad es el campo social, que forma parte del familiar (que se coloca en segundo lugar). Por eso tal vez la insistencia de la Profesora Silvia Castro, encargada del Área de Psicología Social (al menos en mis épocas de estudiante, entre 1993 y 1999), en marcar en primer lugar lo social, en esa tan mentada palabra que intenta posicionarnos en el territorio de la complejidad: socio biopsico cultural. Buena parte de mi posicionamiento profesional lo debo a las enseñanzas de los cursos de su área en esta institución.








BIBLIOGRAFÍA:

1)-Deleuze, Gilles. “Crítica y clínica”. Ed. Anagrama, Barcelona. 1996.

2)- Rodríguez Nebot, Joaquín. “En la frontera”. Ed. Multiplicidades, Montevideo.1995                      
                                                                                 
3)-Lans, Alfonso. “Subjetividad y transformación social”. Ed. Multiplicidades, Montevideo. 1995.                                  
                                                                                                                                                                                               
4)-Deleuze, Gilles y Guattari, Félix. “Mil Mesetas”. Ed. Pre-textos, Valencia. 1994.

5)- Deleuze, Gilles y Guattari, Félix. “El Anti Edipo”. Ed. Paidós, Barcelona.1995.

6)- Guattari, Félix. “El Devenir de la Subjetividad”. Ed. Dolmen, Santiago de Chile. 1998.



Autor: Licenciado en Psicología Alfredo Fernando Perdomo Maldonado. Egresado de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República Oriental del Uruguay.


Este trabajo es un resumen del presentado en las “V Jornadas de Psicología Universitaria” realizadas en la Facultad de Psicología de la Universidad de la República en Setiembre de 2000 y publicado en el libro de las mismas editado por la Universidad de la República Oriental del Uruguay. Expuesto en Primeras Jornadas sobre el pensamiento de Deleuze y Guattari en 2001, organizadas por Imagen Cristal y Campo Grupal en Argentina. 















                                                                                          








EL LEGADO DE LA ANTIPSIQUIATRÍA

EL LEGADO DE LA ANTIPSIQUIATRIA



Lic. Psic. Alfredo Perdomo (2002)



Leyendo en “Rehabilitación psicosocial de personas con trastornos mentales crónicos”, libro de avanzada de Rehabilitación en el campo psiquiátrico (1), me encuentro que en el capítulo 3 se trazan momentos históricos en las denominadas prácticas y concepciones de rehabilitación. Allí se recuerda a los pioneros de la Psiquiatría como Pinel y la Terapia Moral, el Acta de Rehabilitación Norteamericana de 1943 “donde se plantea el derecho de los enfermos mentales a la rehabilitación y al entrenamiento y, como en el caso de los discapacitados físicos, la necesidad de crear apoyos sociales, comunitarios y económicos para la atención y tratamiento” (2) que abre nuevas miradas en la cultura occidental hacia “el loco”.  También se destaca que en los años 50 y 60 cobra fuerza “la idea de situar el trabajo con los pacientes mentales crónicos o discapacitados en la comunidad” (3) y se menciona el modelo de Comunidad Terapéutica de Maxwell Jones. Además se relata que “la salida de los enfermos mentales graves de los hospitales psiquiátricos sólo pudo ser posible desde que, a finales de 1950, comienzan a utilizarse los primeros antipsicóticos” (4). Y hay una mención de “el gran debate y posterior asunción de la idea de que la reclusión de los enfermos en inmensos centros, supuestamente asistenciales y psiquiátricos, atentaba contra el principal valor de las personas: su libertad y dignidad personal” (5).

En el capítulo 19 del mismo libro señalan sus autores que “en la historia del Hospital Psiquiátrico se han sucedido varias oleadas reformistas (“tratamiento moral”, “antipsiquiatría”, etc.) con su correspondiente contestación reaccionaria “siendo el resultado de estos choques de fuerzas “la supervivencia del Hospital Psiquiátrico” (6). Esta es la única (y muy pobre, por cierto) mención que he visto en el libro, con muchos detalles en acontecimientos históricos de la Psiquiatría, acerca de la Antipsiquiatría en forma directa (es decir, mencionando el movimiento con su nombre).

Sin embargo, la Antipsiquiatría en su apogeo causó gran oleaje en las turbias aguas de la Psiquiatría en la segunda mitad del pasado siglo, y sus efectos hoy día son visibles. Laing, Cooper y los antipsiquiatras norteamericanos fueron “escandalosos” para el público de dos congresos sobre Psicosis Infantil llevados a cabo en Francia en los años 1967 y 1968. “La  referencia sociológica y aún ‘humanítaria’” (7) fue rechazada por los psiquiatras y psicoanalistas franceses (a excepción de Lacan), según apreciaciones de Maud Manonni. La psicoanalista lacaniana valoriza muchos aspectos de la Antiqpsiquiatría, pero cuestiona “un puro activismo del que no está siempre exenta, que transformaría a los psiquiatras en superasistentes sociales” (8). Junto con ello denuncia Manonni la utopía de creer que “con la libertad no habría más locura” y  “que la revolución permitiría resolver las cuestiones planteadas por la locura” (9).

En 1981 se realizó en Cuernavaca (México) el “Primer Encuentro Latinoamericano y 5º Internacional de Alternativas a la Psiquiatría”. Allí los participantes toman ideas de Franco Basaglia: “no una psiquiatría alternativa sino una alternativa a la psiquiatría”, según cita Sylvia Marcos (10). Pero señalan que no forman parte del movimiento antipsiquiátrico a pesar de reconocer que emergen de él. Cuestionando probablemente el trabajo de Laing y Cooper en sus “antihospitales”, enfatizan: “no pretendemos que el viaje hacia la locura sea una solución ni que la existencia de pequeñas células  -comunidades terapéuticas- elitistas, económica y cultralmente, al margen de la macroestructura, sean nuestra respuesta” (11). Aún así tomaron mucho de ellos. Como pequeños ejemplo del legado de la Antipsiquiatría en este Encuentro, Félix Guattari en su ponencia afirma que “solamente podremos sensibilizar a los sindicatos y partidos de izquierda a condición de que existan pequeños grupos como los que animó el desaparecido Franco Basaglia en Trieste, como los que se agruparon en Psiquiatría Democrática” (12), en pro de políticas antimanicomiales.

Continuando con las resonancias que aún genera el movimiento antipsiquiátrico, vemos que Gregorio Baremblitt toma el cuestionamiento a la psiquiatría y el campo “psi” en general en su “papel de represores que la sociedad nos adjudica, de vigilantes de una diferencia, con una serie de racionalizaciones, idealizaciones políticas, epistemológicas, teóricas y técnicas” (13). Si bien este autor considera en cierto sentido exagerada esta posición, también la considera “válida”: “yo creo que esta es la crítica que nos han hecho las diversad modalidades de antipsiquiatría” (14). También toma elementos de autores como Basaglia para su crítica del modelo médico hegemónico (15).

Enrique Pichón Rivière (16) cuestiona de Laing y Cooper “desviaciones serias” del pensamiento de Sartre, “raíces místicas que descarto”, rechazando “el concepto de alineación de Laing y la función que tiene la familia dentro del esquema de Cooper”. Pero asimismo estima que el mayor valor de la Antipsiquiatría “radica en haber puesto en acción a los terapeutas jóvenes para pensar más, para plantearse a fondo cuestiones sobre las que hay que volver una y otra vez” (17).
En 1977, cercano en el tiempo a las ideas de Pichón, Eduardo Pavlovsky “transita la línea ideológica iniciada por Laing y Cooper”, “muestra abiertamente el sentimiento común con el pensamiento de la Anti – Psiquiatría” (18). “Adolescencia y Mito” cuenta con muchísimas poesías de Ronald Laing de su obra “Nudos”. Obviamente no es un texto estrictamente “antipsiquiátrico, si bien es una línea fundamental del pensamiento de uno de los grandes del Psicodrama y la Psicología Social rioplantense en ese entonces, quien ya comenzaba a tomar ideas del Esquizoanálisis (19).

Félix Guattari en 1991 señaló que con la Antipsiquiatría tuvo “muchas afinidades pero también muchas ambigüedades”. “Lo que me molestaba en Laing era que para él las dimensiones políticas y sociales no tenían prácticamente ningún valor” (20). Participó el francés con Basaglia y Jervis en Italia, moviéndose con los partidos políticos, buscando abolir los hospitales psiquiátricos. “Pero al mismo tiempo, la dimensión prepersonal, analítica, de producción de subjetividad, no solamente en el campo social, sino también en el de la creatividad social y del análisis en su sentido más amplio (psicoanálisis, autoanálisis, análisis de grupo, pedagogía institucional), carecían de interés para Basaglia. Yo se lo reprochaba mucho, señalándole que al margen de lo capital de esas acciones sociales, si no se tiene una posición crítica, una posición de formación en el terreno de las técnicas –psicoterapia para los psicóticos, técnicas de psicoterapia para los niños, psicoterapia de grupo, psicoterapia institucional, etc.-, uno deja el campo libre al mercado , con las propuestas conductistas y todo tipo de cosas relativamente ilusorias” (21). Tal postura es la misma que se puede vislumbrar en autores como E. Pavlovsky (22). En 1965 se crea la Red Alternativa a la Psiquiatría, con muchos encuentros en Europa y América (entre ellos el antes citado en México). “las cosas se deshicieron mucho porque todo se deshizo en Europa. Actualmente atravesamos  un período de hielo, pero el problema sigue ahí. Afortunadamente, aún perduran algunos centros alternativos muy interesantes que se originaron a partir de esa red, por ejemplo en Trieste, en torno a Franco Rotelli, que es el sucesor de Basaglia. Ahí asistimos a un principio de síntesis entre diferentes perspectivas. A la vez, hay todo tipo de actividades microsociales, con la creación de cooperativas, en los cuales se encuentran no solamente los antiguos enfermos mentales, sino también personas con problemas sociales, delincuentes, cesantes, prostitutas.  Son centros de creación institucional muy apasionantes. Siempre hay esa perspectiva de acción en el campo social, no solamente en Italia, sino a nivel internacional. El grupo de Franco Rotelli interviene en Brasil, Grecia, entre otros países” (23).

Volviendo al libro de Abelardo Rodríguez, en el capítulo 2 si bien sus autores se olvidan de mencionar a Laing y Cooper toman el movimiento antipsiquiátrico italiano. Curiosamente no aparece allí la palabra “Antipsiquiatría” (¿será una mala palabra para el lenguaje psiquiátrico contemporáneo?). Es justo señalar que ubican en un lugar importante para la Rehabilitación Psicosocial la crítica de Basaglia y sus seguidores a los manicomios y su pretensión de desmontarlos y sustiruirlos “por una atención comunitaria integradora” (24). Creo que esta apreciación es realmente trascendente  y ubica al movimiento antipsiquiátrico (aunque sin designarlo como tal) como un importante punto de partida para una reforma en Psiquiatría que aún está en proceso a nivel mundial y que parece conllevar el fin del establecimiento manicomial.

“Este movimiento de crítica y diferentes experiencias desinstitucionalizadoras y de transformación de distintos hospitales psiquiátricos (Gorizia, Perusa, Trieste) confluyen y promueven la elaboración y promulgación en 1977 de la famosa Ley 180. Esta ley asume la necesidad de cerrar los manicomios y crear un sistema de servicios alternativos en la comunidad. Prohíbe la construcción de nuevos hospitales psquiátricos y establece que a partir de mayo de 1978 no se podrán realizar ingresos nuevos en los hospitales psiquiátricos y desde diciembre de 1981 no se producirán ingresos de ningún tipo. Se establece asimismo, la creación de unidades psiquiátricas con no más de quince camas en los hospitales generales donde deberán realizarse todos los ingresos.
La reforma italiana desarrollada mediante esta ley se caracteriza por los siguientes rasgos:
-Desaparición gradual de los hospitales psiquiátricos.
-Diseño de nuevos servicios comunitarios considerados como alternativos a los hospitales psiquiátricos y no como complementarios o adicionales a ellos.
-La psiquiatría hospitalaria se concibe como un elemento de apoyo al cuidado comunitario.
-Se busca la integración y coordinación entre todos los servicios de atención en cada área geográfica (centros de salud mental, unidades de hospitalización, centros de soporte  social, alojamientos protegidos, etc.)
El devenir de la reforma en Italia, tras el impulso y  la ilusión inicial, ha tenido un desarrollo muy desigual en las diferentes regiones.  En muchas zonas del sur del país apenas sí ha comenzado. Ha sido en las regiones más ricas del norte donde se ha implantado de un modo más amplio y coherente.
Trieste constituye un extraordinario ejemplo: se ha desmantelado el hospital psiquiátrico y se ha devuelto a los ciudadanos el uso de sus espacios y se ha logrado integrar a los enfermos mentales en la ciudad a través de una amlia gama de dispositivos sanitarios, sociales y laborales que permiten asegurar una atención integral y continuada a la población enferma mental” (25).

El mismo Franco Rotelli lo afirma: “con la ley de 1978 en Italia, se pudo afirmar legalmente que los hospitales psiquiátricos tienen que clausurarse y ser sustituídos por servicios en la comunidad” (26). Y en la misma línea se ubica la Rehabilitación Psicosocial hay día: “no hay vuelta atrás; el manicomio ha demostrado claramente su inadecuación y sus consecuencias negativas. Las políticas de reforma deben continuar y profundizarse aprendiendo de los errores y problemas para corregirlos y suerarlos. La atención comunitaria al enfermo mental crónico es posible, necesaria y es mejor si se organiza y planifica adecuadamente y se le dota de los recursos técnicos y sobre todo económicos necesarios” (27).

Y en Argentina hace tiempo que este proceso está no sólo en la boca de intelectuales, sino en actos concretos, en un proceso denominado “Desmanicomialización” iniciado en los 80 en la provincia de Río Negro (28). En unas jornadas al respecto organizadas por la revista “Zona Erógena” en 1993, es significativo mencionar que en el debate de “los modelos técnicos y prácticas: mientras algunos argentinos citaban constantemente a Basaglia, los iutalianos –balance crítico de Basaglia mediante- reivindicaron la importancia de pensadores como Pichón Rivière y Bleger” (29). Pero, la cuestión de cómo desmanicomializar lleva a la polémica, en función de los diferentes puntos de vista en cuanto a la estrategia a seguir. “Por ej. Se hizo por primera vez pública la diferencia respecto del ‘cómo cerrar’ el manicomio, entre quienes priorizan la necesidad de desarrollar previamente alternativas que garanticen el ‘después’ del cierre (como V. Galli) y los que sostienen la prioridad –ligada al imperativo éico-político de acabar ya con la institución totalitaria- de cerrar ‘ya’ (como Saidon), con aquellos que procuran articular lo político –incluído el imperativo ético- con lo técnico-institucional –es decir el diseño de alternativas que eviten abortar el proceso- (como Bauleo)” (30).

Sin duda es notoria como está creciendo en la vecina orilla buena parte de la semillita plantada por la antipsiquiatría. Baremblitt ya sostenía en 1982 la necesidad de “conseguir que se promulgue una ley que prohíba la construcción de hospicios, que es lo que Basaglia logró hacer en Italia” (31).

Y en ese camino se encuentran hoy día el Dr. Materrazzi y el reconocido Dr. Armando Bauleo, intentando comenzar en el Borda un proceso desmanicomializador. En una entrevista con el Dr. Bauleo, el periodista le pregunta si el proceso está en el marco de la Antipsiquiatría. “Usted dice antipsiquiatría, y es muy simpático que lo diga así, pero todos toman lo anti, y la desmanicomialización, parece que como todo va  a saltar por el aire, y que se acabó la enfermedad mental, se acabaron los tratamientos… y nadie está hablando de eso”. Es muy visible que esta “palabrita” aún rechina, tiene un sentido negativo en el ámbito psiquiátrico. A pesar de ello, el cambio, con todas las dificultades que conlleva, está en marcha: “que no haya servicios centralizados, ya no va a haber un hospital central que es el Hospital Psiquiátrico al cual se envía a los pacientes. Sino (que) se trabaja con la noción de red. O sea: ambulatorio, salas en los hospitales polivalentes… Todo un dispositivo en el cual hay todo un conjunto de recursos: consultorios; centros diurnos; centros nocturnos; centros de crisis: salas de servicios en los hospitales polivalentes, y fundamentalmente recursos de prevención” (32).

Y cabe esperar de aquí en más la multiplicación de la experiencia italiana impulsada por Basaglia y la Antipsiquiatría. Evidentemente este cambio que el Estado y la Psiquiatría a su servicio están iniciando, van de la mano con la ética de la eficacia neoliberal: “el neoliberalismo al igual que el cientificismo, se conciben, sustentan en una ‘racionalidad instrumental’ es decir: la racionalidad de la acción humana con ‘arreglo a fines’ y no con ‘arreglo a valores’. Esto implica una ‘ética de la eficacia’” (33). Y es que los administradores estatales han visualizado el enorme gasto que acarrean las estructuras de atención psiquiátrica tal cual están en la actualidad. “Esto en un cálculo ya hecho por Franco Basaglia veinte años atrás, que cuesta muchísimo menos una Red que el Hospital Psiquiátrico. Cuesta mucho menos, ¿por qué?. Porque directamente dentro del Hospital Psiquiátrico hay estructuras que se están alimentando no sabemos muy bien para qué” (34).

Evidentemente estos cambios tienen su raigambre en los nuevos devenires sociohistóricos. Estamos pasando de las sociedades disciplinarias a las sociedades de control. Pasaje que marca la crisis de los ”moldes” de los encierros (prisión, hospital, escuela, etc.) a la “modulación” de los controles que actúan  “como un molde autodeformante que cambiaría continuamente, de un momento a otro, o como un tamiz cuya malla cambiaría de un punto al otro” (35). Según Deleuze tal pasaje marca el principio del fin de las grandes organizaciones de encierro fundadas en el siglo 19 (escuela, fábrica, cuartel,etc.) y productoras de subjetividad disciplinada, al control de la subjetividad a través de espacios abiertos modulándola a través de la organización del tiempo libre y la vida cotidiana, la televisión, la informática, el control satelital, etc…. produciendo básicamente una subjetividad diagramada por el marketing, endeudada y consumista. Y en estos cambios urge la modificación de las insitiuciones. “Por ejemplo, en la crisis del hospital como lugar de encierro, la sectorización, los hospitales de día, la atención a domicilio pudieron marcar al principio nuevas libertades,m pero participan también de mecanismos de control que rivalizan con los más duros encierros” (36).

El capitalismo sabe digerir y procesar en fuinción de sus intereses aquello que se le resiste. Así está pasando con el cierre de los manicomios, uno de los principios más caros de la Antipsiquiatría y la Contracultura en los años 60 y 70. “La antipsiquiatría fue el comienzo de un movimiento crítico, fue un decir ‘no’ a la expropiación de la salud mental por los técnicos de ella, un ‘no’ a la masificación idiotizante de los fármacos, un ‘no’ a la represión brutal en los manicomios, ‘no’ a los electroshocks, ‘no’ a la normalización de los valores de la sociedad capitalista (burguesa), ‘no’ a la interpretación de la locura como mala intrínsecamente, ‘no’ a la normalidad enajenada” (37). Dicho movimiento no se restringió al cierre de los manicomios, lleva intrínseco un devenir ético-político de cambio en las relaciones humanas sociales y en el lugar del poder médico-psiquiátrico. Celebremos la desmanicomialización y estimulémosla en los lugares donde no se ha producido (como es muy evidente en Uruguay), pero urge no quedarse alli. Las políticas de normalización continúan y aún podemos esperar monstruos tanto o más temibles que el manicomio (basta esperar los aún insospechados alcances que pueden tener los descubrimientos genéticos, la tecnología de la clonación entre otros). Por ello vale la pena re-visitar  críticamente los textos antipsiquiátricos y los de sus seguidores. Porque en ellos hay toda una tradición de posicionamiento crítico hacia el poder psiquiátrico, que puede ser muy útil para la generación nuevos valores y prácticas alternativas, transformadoras y desalienantes.

NOTAS:
1) Rodríguez, A. (Coordinador). (1977). “Rehabilitación psicosocial de personas con trastornos mentales crónicos”. Madrid, Ediciones Pirámide.
2) Fernández, M.V.; González, J; Fernández, J.M. et al. “El campo de la rehabilitación psicosocial”. En: Rodríguez, a. Op. Cit.
3) Idem
4) Idem
5) Idem
6)Fernández, J.A.; Reyes, M; Ramal, J. “La rehabilitación psicosocial en hospitales psiquiátricos”. En: Rodríguez, A. Op. Cit.
7) Mannoni, M. “Prefacio para la edición argentina”. En: Mannoni, M; Winnicott, D.W.; Lacan, J. et al. (1980) “Psicosis infantile”. Buenos Aires, Ed. Nueva Visión.
8) Idem
9) Idem
10) Marcos, S. “Introducción”. En: Marcos, S (Coordinadora) (1983). “Manicomios y prisiones”. México, Red-ediciones.
11) “Insistimos”. En: Marcos, S: Op. Cit.
12) Guattari, F. “La revolución molecular”. En: Marcos, S. Op. Cit.
13) Baremblitt, G. “Sobre psicoterapia en las instituciones y la institución de la psicoterapia”. En: Baremblitt, G. (1988) “Saber, poder, quehacer y deseo” Bs. As., Ed. Nueva Visión.
14) Idem
15) Baremblitt, G. “El modelo médico hegemónico, su influencia y sus alternativas”. En; Baremblitt, G. Op. Cit.
16) Zito Lema, V. (1976) “Conversaciones con Enrique Pichón Rivière” (CEUP).
17) Idem
18) Fiasché, A. “Prólogo”. En: Pavlovsky, E (1977) “Adolescencia y mito”. Bs. As., Ed. Ayllu.
19) Pavlovsky, E. “El antiedipo”. En: Pavlovsky, E. Op cit.
20) Guattari, F. “Antipsiquiatría, psicoanálisis  e institución”. En: Guattari, F. (1998) “El devenir de la subjetividad”. Santiago de Chile, Ed. Dolman.
21) Idem.
22) Pavolvsky, E. Op. cit.
23) Guattari, F. Op. cit.
24) Rodríguez, A.; Sobrino, T. “La evolución de la atención al enfermo mental crónico: la reforma psiquiátrica y el desarrollo de la atención comunitaria”. En: Rodríguez, A. Op. Cit.
25) Idem.
26) Rotelli, F. “La institución destruída”. En: Marcos, S. Op. Cit.
27) Idem que 24.
28) “Desmanicomialización”. En: “Zona  Erógena, revista abierta de Psicoanálisis y pensamiento contemporáneo” Nº 15. Primavera 1993. Bs. Argentina. Págs. 39 y 40.
29) Idem
30) Idem
31) Idem que 13.
32) Dibarboure, L. “Sur, manicomio y ¿Cuándo el después?. La desmanicomialización del Hospital Borda. Entrevista con Armando Bauleo”. En: Topìa Revista (sitio web).
33) Giorgi, V; Rebellato, J.L.; del Huerto Nari, M. “Incidencia de la cultura neoliberal sobre la salud, sus técnicos y sus instituciones”. En: “Segundas Jornadas de Psicología Universitaria”. Montevideo-Uruguay. 18 y 19 de agosto de 1995. Ed. Multiplicidades.
34) Idem que 32
35) Deleuze, G. “Posdata sobre las sociedades de control”. Ficha CEUP.
36) Idem.
37) “Insistimos”. En: Marcos, S. Op. Cit.